Nada serio salió de la Convención Republicana reunida en Cleveland. Aparte de lo inusual en esa clase de evento de que el nominado y su familia se presenten desde el primer día tomando el control y a pesar de eso, las protestas y disidencias afloraron a la superficie dejando en evidencia las fisuras del partido.
Se suponía que el primer día la convención trataría el tema de la seguridad, y aunque hubo expositores, no se produjo un documento que integrase a las diferentes agencias del gobierno con la comunidad, que es la vía más segura para impedir cualquier tipo de desastres. Paul Ryan, la ortodoxia republicana, se limitó a llamar al voto para los republicanos contra otro Clinton en la Casa Blanca. “¿Qué os parece si unificamos el partido en este momento crucial?”
Su mensaje sonó al de quien opta por el mal menor. El único mensaje de unificación fue la oratoria del gobernador Chris Christie, de Nueva Jersey, pidiendo la cabeza de la candidata Clinton, rebajando la seriedad del evento en un claro ataque deleznable. La división tomó cuerpo cuando los 721 delegados a la convención votaron en contra de Trump, un fenómeno que solo había ocurrido en 1976, donde se dio la más reciente “convención rota” o contestada del Partido Republicano. El entonces gobernador Ronald Reagan estuvo a punto de superar a Gerald Ford quien buscaba la reelección.
Ohio votó con sus 66 delegados a favor de su gobernador John Kasich y Nuevo México a través de su gobernadora Susana Martínez tampoco apoyó la candidatura del millonario.
Crítico fue el papel que Trump le dio a su hijo a quien designó para que presentase los votos del Estado de Nueva York, con los que completaba la nominación, queriendo darle la importancia que no tenía, ya que dicho estado desde hace 32 años no ha votado en elección presidencial por ningún candidato republicano.
Lo dividido que está el Partido Republicano lo resumió el senador Ted Cruz, la noche del miércoles, provocando el momento más tumultuoso y eléctrico de la convención al negarse a darle el apoyo a Trump diciendo: “Vota según tu conciencia”, siendo abucheado, tratado de traidor, teniendo su esposa que ser protegida por guardias de seguridad.
Lo peligroso del candidato Trump es que ha utilizado el populismo como instrumento de convencimiento, ante una parte de los votantes norteamericanos los cuales están decepcionados y furiosos por la falta del interés del establishment de Washington, de solucionar los problemas del día a día que les afligen. Tanto en el área de la seguridad interna como en el área de mejoría económica no hubo ninguna presentación seria.
La plataforma del partido sirvió de caja de resonancia que recogió la demagogia de Trump, que se presentan en frases muy cortas que encierran muchas mentiras, en vez de aportar soluciones a problemas reales ha profundizado las diferencias raciales.
En el área internacional el mensaje que resultó es de inseguridad a los países aliados, presentando una nación que se aísla sin preocuparse de lo que pase fuera de sus fronteras. En esta misma semana ha dicho: “Los Estados Unidos tiene que arreglar sus propios problemas antes de tratar de alterar la conducta de otras naciones”.
Oyendo tanto populismo de la boca de Trump, solo se me viene a la mente las frases de Paul Joseph Goebbels: “La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentadas una y otra vez desde diferentes perspectivas pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas”. “Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad”.
El autor es abogado.