I
Solo he recibido heridas
cicatrices revolucionarias
no hay dictadura más cruel
que la del sueño
ambicionando el poder.
El tirano no pudo escuchar
tu muerte en la batalla
jamás pudo brindar
con la sangre derramada
el periódico no publicó esos nombres.
Solo cifras en rojo
no hubo entierro ni música
solo el eco de patria o muerte
eternidad engendrada
santuario del amor revolucionario
amor que se alza otra vez
para liberarnos de la tiranía opresora.
II
Echaron a la tumba los dictadores
sin flor alguna, sin llantos
el pueblo se alzó con gritos decisivos
y entre los oprimidos de siempre
la revolución triunfó entre colores.
Algunos no tuvieron tumbas
ni calles que lleven sus nombres
nadie les ha llevado flores de Sacuanjoche
ni hubo discursos, mucho menos una misa
armaduras que se escurren en otros museos.
Aquellos que creyeron en la libertad
tan verde como el follaje del volcán
tan profunda como el lago
alimentado por la sangre
de los héroes anónimos.
Yo soñé otra revolución
la del campesino armado de poesía
cosechando fugaces colores
la del soldado que no cree en el fusil
ni en las fosas desangradas
que cavó el olvido que envejece
de los que siguen buscando libertad
entre las estériles balas.
La del pueblo convertido en profeta
para no mendigar siempre migajas
ni dejar en el exilio de los sueños
las palabras que envuelven el hambre
de las consignas no publicadas.
Esos poemas siempre clandestinos
olorosos a otros libros inéditos
teñidos de veranos e inviernos
hay que soñar de nuevo la revolución
y echar en el sarcófago a los dictadores.
III
El silencio de los inocentes
clama desde las montañas
el rocío de cada lágrima doliente
es torrente, es derrota y victoria
y tregua olvidada
libertad que reclaman
los que han caído.
Los lisiados quieren vivir en paz
con la revolución en su corazón.
IV
A los ausentes
que en los surcos fecundos
derramaron su sangre
acompañados de su arrechura
sin ninguna técnica moderna
más que el amor revolucionario
guerreros de obsidiana.
A los que amaron la patria
y a las víctimas inocentes
a los que en el olvido
la libertad han vivido
como estrategia última
sus voces disparan
otras armonías
y muere la miseria
junto a la farsa de los poderosos.
Es la hora
de amar a la patria
de cantarle a la amada
y contar legendarios cuentos
de montaña adentro
cuentos de vida y amor.