“Jamás había existido un número tan grande de jóvenes y es probable que nunca más vuelva a existir un potencial de progreso económico y social similar; de modo que la forma como abordemos sus necesidades y aspiraciones determinará nuestro futuro común. Nuestro mundo es el hogar para más de 1,800 millones de jóvenes y la mayoría vive en países en desarrollo. En América Latina y el Caribe hay aproximadamente 111 millones de adolescentes entre 10 y 19 años de edad, de las cuales 55 millones son niñas y adolescentes.
“Este año, el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), conmemora el Día Mundial de la Población llamando la atención sobre la situación de las niñas y las adolescentes y la importancia de empoderarlas para contribuir al desarrollo de sus países. En el año 2015, los programas del UNFPA ayudaron a 11.2 millones de adolescentes entre los 10 y 19 años de edad a obtener acceso a información y servicios de salud sexual y reproductiva”. (Información tomada del Comunicado de la oficina regional del UNFPA, Fondo de Población de las Naciones Unidas).
Los años de la adolescencia son para algunas niñas una época de exploración, aprendizaje y cada vez mayor autonomía. Pero para muchas otras es una época de vulnerabilidad cada vez mayor y de exclusión de derechos y oportunidades, o de discriminación clara y simple.
Cuando una adolescente cuenta con el poder, los medios y la información para adoptar sus propias decisiones en su vida es más probable que supere los obstáculos que la separan de un futuro saludable y productivo. Esto la beneficia, así como a su familia y su comunidad.
Cuando no participa en modo alguno en las decisiones relativas a su educación, su salud, el trabajo o incluso su situación conyugal tal vez no llegue jamás a hacer realidad todo su potencial ni a ser una fuerza positiva en su hogar, su comunidad y su nación.
En algunas partes del mundo la niña que llega a la pubertad es considerada por su familia o comunidad lista para el matrimonio, el embarazo y el parto. Puede ser dada en matrimonio y obligada a dejar la escuela. Puede sufrir una condición debilitante, como una fístula, por dar a luz antes de que su organismo esté preparado para ello. Pueden denegarse sus derechos humanos.
Es necesario que los gobiernos de todas partes del mundo inviertan en el empoderamiento de las adolescentes de forma que adopten decisiones importantes en su vida y equiparlas para que algún día puedan tener oportunidades de empleo, participen en los asuntos de su comunidad y se encuentren en igualdad con sus contrapartes masculinas.
Se necesita invertir para proteger su salud, incluida su salud sexual y reproductiva, a fin de permitirles que reciban una educación de buena calidad y ampliar sus oportunidades económicas, incluidas las relativas a un trabajo decente.
Una adolescente cuyos derechos se respetan y que puede hacer realidad su pleno potencial es una niña que más probablemente podrá hacer un aporte al progreso económico y social de su comunidad y su nación.
El autor es Secretario General Adjunto de las Naciones Unidas y Director Ejecutivo del UNFPA, el Fondo de Población de las Naciones Unidas.