“La sabiduría popular sentencia que el que traiciona una vez, traiciona dos veces” y “los corruptos, no son solo delincuentes junto con su dictador, son traidores a la patria y deberíamos tratarlos como tales”. ¿En manos de quién estamos? Es la pregunta lógica que se hace cualquier ciudadano de este país. El panorama que tiene enfrente. Un Consejo Supremo Electoral (CSE) inepto; una Corte Suprema de Justicia (CSJ), al servicio directo de una dictadura sin moral que no conoce la palabra “dignidad”, donde sus pensamientos fanáticos dominan sus conocimientos sagrados, una Asamblea Nacional al mejor estilo del derroche de pensamiento del ilustre Edwin Castro y un Ejecutivo donde una mujer cubierta de sombra es la que dicta las diferentes acciones a los alcaldes en todo el país, ineptos en su mayoría en su gestión operativa como servidores de un pueblo que no los necesita.
Con “rabia criolla” vemos el país que va a la deriva, donde los sindicatos son los socios del patrón y callan. “Nicaragua está hecha para la libertad”. Nunca una dictadura nos ha dominado y mi pueblo, con sus manos, podrá sin duda alguna derrocar esta pandilla de “traidores, ineptos y corruptos”, muchos de ellos, por complacer al tirano, por un puñado de monedas o por cohecho o soborno están traicionando al pueblo.
Me dirán algunos teóricos de la realpolitik que lo importante es ganar. Aún así, discrepo, por razones morales y también por razones políticas. En cuanto a las primeras, constituye una perversión de la política y una ofensa a la dignidad de las personas tratar al votante como ganado, y como tal llevarlo a ciegas a votar. Y si ellos presumen de un rebaño incondicional, presumen de una inmoralidad.
En lo que a las razones políticas concierne, las encuestas confirman lo que el sentido común intuye: al votante no solo le interesan los atributos personales de los candidatos, sino los hombres y mujeres que los rodean. Lo cual significa que enarbolar el estandarte de la decencia se dificulta en la deshonrosa compañía.
Las cuentas que hay que hacer no deben limitarse a los votos que ellos dicen manejar a su antojo, sino extenderse a esos miles de votantes que acuden a las urnas sin riendas ni bozales, y a los que alguna vez se nos va a acabar la paciencia para tolerar tanta inmoralidad, oportunismo, juega vivo y corrupción con el proceder de esos partidos que controla la dictadura orteguista, ¿quién garantiza que a la hora de la verdad los votos que ellos dicen controlar van a ser por los candidatos que el pueblo votó? ¿Y si llegaran a ganar, en qué bancada se ubican: en la del partido que los postuló o en las toldas donde han votado?
Yo creo más en las ideas que el conocimiento, bajo esta dictadura “no gana quien vota, gana quien cuenta los votos. La sabiduría popular sentencia que el que traiciona una vez, traiciona dos veces. Igual aplica, supongo yo, para el que se corrompe una vez.
El autor es catedrático universitario.