“Rosario Murillo, la alcaldesa del país”, fue el título que dio LA PRENSA el domingo a su reportaje especial sobre la manera que están operando las alcaldías sandinistas, que como resultado de las elecciones de 2012 son 134 de un total de 153 municipios.
La principal problemática que presenta el reportaje es que las alcaldías y los concejos tienen poco qué decir a la hora de decidir qué proyectos deben impulsar en sus municipios, y muchas veces, aunque la necesidad sea evidente, lo que se hace es lo que se orienta “de arriba”.
“Ellos (los alcaldes y concejales sandinistas) no ven si realmente el pueblo está pidiendo ese proyecto, lo hacen porque viene la orientación de arriba”, declaró a LA PRENSA Rosario Molina Santeliz, concejal del Partido Liberal Independiente (PLI) en Jalapa, Nueva Segovia.
Según el reportaje, Murillo, quien además de primera dama es vocera y coordinadora del gabinete, tiene otra función, coordinadora de los alcaldes sandinistas. Cada semana tiene reunión con ellos para “bajarles orientaciones”.
Otra concejal del PLI, Aracelly Tinoco Rosales, de Matiguás, explica que todas las alcaldías sandinistas funcionan bajo el mismo modelo y ningún funcionario orteguista hace algo sin que se le haya instruido “de arriba”. Al modelo se le podría encontrar el lado amable; se podría decir que las alcaldías trabajan en estrecha coordinación con el gobierno central, como alega el exalcalde sandinista de El Tuma-La Dalia, Maryan Ruiz: “de alguna manera el gobierno busca articulación con ellos”.
Sin embargo, este modelo tiene una falla estructural: la comunicación es de una sola vía, “de arriba” hacia abajo, cuando en realidad el modelo de verdadera autonomía municipal es todo lo contrario. Es de abajo hacia arriba, comenzando por los cabildos.
Consultado para este Editorial, el especialista en temas municipales, Manuel Ortega Hegg, explicó algunos de los conceptos de la autonomía y su relación con la formación de ciudadanía y la democracia:
“La autonomía municipal permite a los ciudadanos decidir y priorizar con sus gobiernos locales los asuntos que consideran de su interés resolver en sus territorios, asignando recursos de su presupuesto u otras fuentes para tal fin”, explica el experto.
Además, “supone desconcentración de poder del centro hacia los ciudadanos y sus gobiernos territoriales para que ellos con su participación puedan decidir sobre los asuntos que la ley les permite, particularmente el tipo de desarrollo local y el aprovechamiento local sostenible de los recursos que ellos decidan”.
“La autonomía municipal es una escuela de democracia que obliga a concertar políticas locales tomando en cuenta el respeto a la diversidad, al pluralismo, y a ejercitar el principio de tolerancia y el derecho a la igualdad”, resume Ortega Hegg.
En consecuencia, lo que la “alcaldesa” hace es aniquilar el ejercicio de ciudadanía y por ende la democracia republicana.
Por eso, cuando Murillo les dice a sus ediles “compañeros, cada cosa que hacemos es un mojón que ponemos, nosotros estamos en campaña. ¡Y el comandante Daniel tiene que ganar las elecciones del 2016! Es el pueblo, es el Frente, es Daniel el que va a ganar en cada gobierno municipal”, claramente está levantando otro pilar de la dictadura fascista que ha construido ante nuestra pasiva mirada.