Julio César Castillo Ortiz

Dios es nuestro Padre

Muchas personas guardan en su corazón y en su mente la imagen de Dios como la figura de un señor barbudo, con el ceño ceñido, como manifestando su enojo, con un aspecto imponente o amenazador. ¿No le parece familiar esa imagen de Dios? De niño tuve una experiencia similar, una china con insistencia me acentuaba que si no guardaba disciplina, Dios me iba a “castigar”. Toda mi niñez viví aterrorizado, queriendo aplacar o escapar de la ira de ese Señor, que por cierto, nunca había visto.

Lo lamentable es que este retrato de Dios es la imagen más conocida. Adultos que siguen con fervor la religión, no por amor, sino por “horror” a que les pase algo malo si desobedecen. Muchos oran, participan en la iglesia, pero siempre empujados por miedo a que les suceda algo malo. Todo esto es producto de una inadecuada educación en la fe que se ha encargado de colocar en nuestra mente una imagen “terrible” de Dios.

La persona incluso muchas veces persigue una figura de Dios más vengativo que los mismos seres humanos. Pero esto tiene una explicación, muchos padres de familia le han fallado a sus hijos, causando grandes decepciones y heridas, esto se convierte en un obstáculo para que sus hijos puedan tener un concepto de Dios como padre bueno y perdonador.

Ante una enseñanza inadecuada del Señor, ¿Cómo descubrir la imagen correcta de Dios? Definitivamente que el acercamiento a la lectura Bíblica, bajo la invocación al Espíritu Santo, es lo que nos guiará al conocimiento profundo de Dios, como Padre rico en misericordia. Es El Espíritu Santo, desde las profundidades de nuestro ser que nos lleva a considerarnos hijos de Dios.

El apóstol Pablo en su carta a los Romanos es muy expresivo al referirse a Dios como nuestro Padre y al Espíritu Santo como el gran revelador de esta verdad: “Ustedes no han recibido un espíritu de esclavitud que los lleve otra vez a tener miedo, sino el Espíritu que los hace hijos de Dios. Por este espíritu nos dirigimos a Dios, diciendo: Abba, Padre. Y este mismo Espíritu se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que ya somos hijos de Dios”. Romanos 8:15-16.

Este concepto de Dios no se entiende con razonamientos intelectuales, que lo único que pueden provocar son confusiones y una equivocada perspectiva de Dios. Solo el Espíritu Santo nos da la revelación de que Dios es nuestro Padre, que nos ama y tiene infinita misericordia para con sus hijos.

Juan, quien estuvo tan de cerca de Jesús, también nos induce hacia el amor del Padre. ¡“Fíjense qué gran amor nos ha dado el Padre, que se nos llame hijos de Dios”! ¡Y lo somos! 1 Juan 3:1.
Solo el Espíritu Santo nos quita la venda de nuestros ojos, ese obstáculo que no nos deja ver claramente el amor y la misericordia de nuestro Padre Celestial. ¡No hay por qué horrorizarnos, sino más bien tener un amor reverente hacia Él, conscientes que nos hizo sus hijos y herederos de todo su reino, junto con nuestro Señor Jesucristo! Si tan solo te dispones a creer esta verdad, recibirás abundantemente ese amor paternal que todos anhelamos experimentar.

El autor es ingeniero. Presidente de la Asociación Cristiana Jesús está Vivo.

Opinión
×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí