Adrián Uriarte Bermúdez

Niñez sin voz y rostro

La semana de la niñez y la adolescencia, que se celebra en el mes de junio, no solo debe verse como una bonita efeméride, sino como una fecha clave para revisar cuál es la cultura de debate de la nueva generación milenia, en relación a las políticas sociales de las niñas, niños y adolescentes. Sin embargo, este año lo que prevaleció fue el silencio. En parte este fenómeno obedece a que desde el gobierno, se promueve la cultura de silencio, no solo para las personas adultas, sino también que a las chavalas y chavalos, se les niega el derecho a la información, comunicación y participación, en la medida que se han venido cerrando espacios claves de participación, como eran los cabildos municipales de la niñez y adolescencia.

La Convención sobre los derechos del Niño y el Código de la Niñez y Adolescencia en Nicaragua establecen como principios rectores que las niñas, niños y adolescentes gozan del derecho a la información, comunicación y participación. Hace algunos años los cabildos municipales eran uno de los espacios de participación y diálogo más importantes alcanzados a partir de 1995 hasta 2006. Sin embargo, como expresa el sociólogo Silvio Prado, en su reciente tesis doctoral sobre la autonomía municipal en Nicaragua, uno de los principales retrocesos de la autonomía ha sido la falta de participación en los municipios. Un espacio de diálogo, cuyo modelo de comunicación se caracterizó por ser entre pares, horizontal y mediante una comunicación de consenso que nacía de las bases.

Afortunadamente no todo está perdido. Algunas organizaciones que trabajan en favor de los derechos de la niñez y adolescencia, miembros de Codeni, y Unicef en Nicaragua, hacen esfuerzos sustanciales para promover el derecho a la información, comunicación y participación, con el propósito de facilitar entornos propicios que creen espacios para la pluralidad de voces y explicaciones; fomentar la escucha, el diálogo, el debate y las consultas; garantizar la participación activa y significativa de niñas y niños y jóvenes; fomentar la igualdad de género y la inclusión social; reflejar los principios de inclusión, igualdad, autodeterminación, participación y respeto garantizando que los colectivos marginados (incluidas las poblaciones indígenas y las personas con discapacidad) tengan prioridad y dando a sus voces notoriedad y la oportunidad de que sean escuchadas; garantizar que los niños y niñas sean reconocidos como agentes del cambio y como grupo principal de participantes, empezando en los primeros años de la infancia.

Hasta ahora, el Estado de Nicaragua pareciera asumir que garantizar el acceso a Internet en parques, ubicados en los barrios y municipios, es garantizar el derecho a la información, comunicación y participación. No es suficiente tener acceso a los TIC, si los chavalos y chavalas, se asumen más como consumidores y no como agentes de cambios. Por eso, con la misma determinación que se promueve la recreación, también se deben crear políticas de comunicación en niñez y adolescencia orientadas a fomentar la participación, diálogo y debate, que les permita empoderarse de sus derechos humanos y políticas sociales. Los cabildos son un modelo de comunicación que deben restituirse. Los espacios de participación y el acceso a las plataformas de Internet, promovidas por el gobierno, han estado orientadas a formar consumidores, no una niñez y adolescencia como agentes de cambios.

El trabajo que hacen las ONG y agencias de cooperación para el desarrollo, aunque hacen el mayor de los esfuerzos en promover el derecho a la información, comunicación y participación, estos esfuerzos todavía resultan simbólicos frente a la visión del estado, que se muestra más preocupado en fomentar una nueva generación de consumidores milenias, sin voz, sin rostro y sin preocupación alguna, sobre sus propias políticas sociales.

El autor es doctorando en Ciencias Sociales y Humanas, UCA.

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