Uno de tantos fundamentos que está faltando en el matrimonio moderno es la de una visión clara del propósito de Dios para la sexualidad humana y para el sexo en el matrimonio.
Y es que el mundo ha hecho del sexo un dios, una meta en sí misma, un valor absoluto… o lo ha condenado como algo sucio apenas tolerado por Dios. Lo ha ocultado manteniendo a la gente en la ignorancia y hasta en la superstición, o lo ha divulgado por todos los medios pero acompañándolo de errores. Lo ha entregado al egoísmo para ser gozado a expensas del otro y no como expresión de amor. Ha obsesionado al hombre y a la mujer con el sexo a la par que le propone estándares inalcanzables resultando en la frustración y el desengaño. Lo ha convertido en base principal de una relación que luego se deteriora con la misma rapidez con que se deteriora la relación sexual.
Una de las principales actitudes erradas es centrarlo en su lado pecaminoso, creando una actitud negativa, temerosa, de vergüenza y culpabilidad. Otra es la que aprendemos de “la calle”, de chistes vulgares, de información errada, la experiencia a escondidas, traumática, el miedo a las enfermedades venéreas, y el entrenamiento errado (en el hombre) de la prostituta. O (en la mujer) el miedo a ser descubierta; la pérdida de la virginidad, y temor al embarazo. Y por último, el sexo al descubierto, vendido o comprado, absolutizado. Crea necesidades o aumenta nuestras expectaciones sin poder satisfacerlas, creando excesiva preocupación por la “pericia” llenando de inseguridades y frustraciones a las personas.
Debemos conocer el contraste entre el mundo y las Escrituras. Saber que lo primero que dice Dios es que nos creó como seres con sexo, que quiere que los hombres y las mujeres se sientan atraídos, el uno por el otro, que se deseen y gocen sexualmente el uno con el otro; que el sexo es algo bueno y parte esencial del Plan de Dios. Debemos aceptar el compromiso de estar sexualmente disponible para nuestro cónyuge. Saber que la relación sexual frecuente es parte del propósito de Dios para el matrimonio y que cada pareja debe conocer y satisfacer sus propias necesidades. No hay que acercarse a la relación sexual con la actitud de obtener algo sino con el propósito de servir y satisfacer.
Es muy importante también conocer las diferencias entre el hombre y la mujer para su estimulación. Debe saber que el hombre reacciona de una manera más biológica, automática y responde más rápidamente al estímulo visual y al tacto. Saber también que la respuesta sexual de la mujer es más integrada al resto de sus relaciones y emociones y que debe estimular a su cónyuge tomando en cuenta estas diferencias.
Debe saberse cómo resolver los problemas en esta área. Saber que deben sacarse a la luz, no esconderlos, ni disimularlos, ni fingir. Debe contar con la comprensión y ayuda de su cónyuge y saber que en este campo no hay sujetos pasivos. Saber que algunos problemas tomarán tiempo, por lo que hay que ser pacientes y tener mucha comunicación y ayuda para que se solucionen. Saber que ante cualquier problema de este tipo debe mantener siempre una actitud positiva, sabiendo que el amor debe sobrepasar el aspecto sexual. Estar dispuestos a pedir ayuda profesional adecuada cuando se den estos problemas. Debe saber también que principalmente puede esperar ayuda del Señor.
Es tan extenso este tema que en la próxima semana continuaremos con él.
El autor es miembro del Consejo de Coordinadores de la Ciudad de Dios.
[email protected]