Edmundo Jarquín

Convicción, inseguridad, arrogancia

¿Cómo entender las últimas decisiones de Daniel Ortega sobre el proceso electoral, sin existir aparentemente razones de necesidad que las expliquen?

Más concretamente: si él necesitara y realizara en noviembre un fraude electoral como el de 2008 y 2011, ¿enfrentaría mayores consecuencias nacionales e internacionales que entonces? Muy improbable.

Entonces, ¿cómo se explican esas decisiones y su vocalización tan agresiva?

La única respuesta es la siguiente: sus convicciones políticas, sus inseguridades y su arrogancia.

Que Daniel Ortega no cree en la democracia, es cosa conocida. En varias ocasiones ha explicado de manera muy directa las razones por las que se opone a la misma. En una declaración relativamente reciente, a los medios de comunicación de Cuba, dijo que los partidos políticos dividen a la sociedad, y felicitó a ese país por tener un sistema de un solo partido político. Es decir, oponerse a la democracia tal como está establecida en la Constitución Nacional y en numerosos compromisos internacionales, forma parte de sus convicciones políticas, y equivocarse al respecto es un intento de autoengaño, y justificativo de su gobierno.

Entonces, las elecciones de noviembre serán como las de una de tantas variantes de sistema de partido único, solamente de su partido y partidos aliados, al haber quitado la personería jurídica a la única oposición agrupada en la Coalición Nacional Democrática.

La razón de las convicciones políticas de Ortega es necesaria, pero no suficiente.

También están sus inseguridades, basada en su desconfianza. ¿Desconfianza de qué, si todas las encuestas hablan de gran respaldo a su gobierno, y sus voceros oficiales y no oficiales hablan de grandes éxitos económicos y drásticas reducciones de la pobreza? Bueno, sencillamente él sabe que no es así. Él sabe que la gente tiene temor a declarar su verdadera opinión en las encuestas. Él sabe de la frustración que existe frente a tanto megaproyecto —refinería, canal, Tumarín, puerto de aguas profundas, sistemas de riego, etc.— anunciado e igualmente fracasado. Él sabe que la economía no ha crecido de manera más importante, ni se han generado más empleos, ni se han resuelto más problemas, de lo que ya venía creciendo y enfrentando y resolviendo en democracia. Él sabe de las tensiones dentro del propio Frente Sandinista, y del agravio que la población siente, a todos los niveles, al tener que reclamar como favor político lo que corresponde como derecho ciudadano. En definitiva, él sabe que no está tan bien, que la desigualdad ha crecido, y que su gobierno, teniendo todas las oportunidades y condiciones a su favor, ha sido un fracaso.

Obviamente, su gobierno no es un fracaso para los que se han beneficiado del mismo, ¿pero cuántos son, qué porcentaje representan frente al total de la población?

Finalmente, está su arrogancia que se ha venido incrementando al consolidar un monopolio de poder que ha podido ejercer sin límites, en medio de gran complacencia de los principales actores nacionales e internacionales.

La ausencia de convicciones democráticas que conduce a intentar controlar arbitrariamente; la conciencia que la falta de solución de problemas reales de la gente puede generar situaciones que requieren mayor control para evitar su desborde, sobre todo si se anticipan menos oportunidades para resolver esos problemas; y el incentivo perverso de ejercer más control al no sentir que el ejercicio de su arrogancia encuentre límite, nos ha llevado a esta situación que es cosecha de quienes por acción, omisión deliberada, o indiferencia, hemos ayudado a cultivar.

Pero las cosas pueden y los nicaragüenses las vamos a cambiar. Cuando felicité a Luis Callejas y Violeta Granera por su candidatura, les transcribí una frase, que como tantas expresiones famosas tiene muchas y diversas fuentes de atribución: “Si luchamos podemos perder, si no luchamos estamos perdidos”.

El autor fue candidato a la vicepresidencia de Nicaragua.

Opinión #EleccionesNi2016 Daniel Ortega Nicaragua archivo

COMENTARIOS

  1. Ken Briell
    Hace 10 años

    Escribe bonito, pero no se nos olvidara que estuvo a la derecha de Ortega en los 80 y corrio como diputado en la casilla del FSLN en contra de la UNO y su suegra Dona Violeta Barrios de Chamorro

    1. NoMás Ortega
      Hace 10 años

      No estas diciendo nada con eso, Muchos lideres Sandinistas que apoyaron a Ortega Saavedra en los 80 y 90 ahora cuestionan su legitimidad como Presidente y son quienes mejor saben las malas maniobras del Orteguismo para mantener el poder. Cuantos miles de Nicaraguenses no vitoreamos al Frente Sandinista en algun momento de la Dictadura Somocista para darnos cuenta que ellos ahora se han convertido en los Oligarcas, Terratenientes y Burgueses a la que una vez se opusieron, predicando y prometiendo un sistema social mas justo en Nicaragua.

  2. Pepe Turcon
    Hace 10 años

    Gracias Edmundo muy acertado y también habría que sumarle el factor muy interno de Ortega, el familiar y el que todos sus seguidores comentan: El conflicto con la Sra. Rosario Murillo. Todo este actuar de Don Daniel intenta frenar el movimiento de Rosario que ya tiene sofocado a Daniel y a cada grupo de ambos.

    Cherchez la Femme…

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí