Eduardo Enríquez

Abstencionismo por decisión, no por obligación

Hasta la semana pasada uno se encontraba con mucha gente que cuando salía el tema electoral en la conversación expresaba su hastío de los políticos, la oposición o el sistema en general. En las redes sociales la tónica era igual. En las redes muchísima gente expresaba su intención de no votar por las mismas razones.

La decisión de abstenerse de votar es un derecho, igual que es un derecho hacerlo. Es más, abstenerse es una forma de votar, aunque yo no la considero muy efectiva, pues el mensaje que se envía no es claro. Y el ciudadano siempre debe enviar un mensaje a los políticos. Tal vez votar nulo es un mensaje más claro de desilusión con el sistema o con el partido, pues la abstención puede confundirse con apatía o simple irresponsabilidad del ciudadano.

Pero bueno, decidir no votar es un derecho y hay que respetarlo. Eso es muy diferente a lo que nos está obligando a hacer el presidente inconstitucional Daniel Ortega a miles de nicaragüenses con las acciones y decisiones de esta semana. Nos están obligando a abstenernos —o a anular la boleta— porque simplemente el régimen decidió que no daría ni siquiera las garantías mínimas de un proceso electoral decente.

Es cierto que muchos opinarán que no existían garantías desde antes de la semana pasada, y puede que tengan razón, pero al menos con presidentes o primeros miembros de juntas, de Consejos Electorales Departamentales (CED) y Municipales (CEM) se podía alegar —y demostrar como en el 2008— el fraude electoral.

Con observadores nacionales e internacionales se podría denunciar que el voto no fue respetado de tal o cual manera, como quedó claro en los informes de la Comisión de Observadores de la Unión Europea y la OEA en 2011.

Y eso es lo mínimo que los ciudadanos debemos exigir, que haya observación y que todos los partidos tengan la posibilidad de fiscalizar el proceso. Lo he dicho siempre, el Frente Sandinista puede ganar diez elecciones seguidas, siempre que sean los nicaragüenses los que así lo decidan en un proceso justo, transparente y que cuenten bien los votos.

Sin embargo, después de esta semana, las cosas van a peor y ni al mínimo podemos aspirar: El sábado Ortega dijo, ilegalmente, que no habrá observación electoral; un día antes la Sala Constitucional de la Corte, en contubernio con el Consejo Supremo Electoral, decidió impedir que los miembros del Partido Liberal Independiente (PLI), que logró el segundo lugar en las elecciones del 2011, conformen los CED y los CEM, como lo contempla la Ley; y este miércoles esa Sala decidió sacar totalmente de la contienda electoral al PLI. En resumen lo que han hecho es anular las últimas garantía de transparencia del proceso.

Así las cosas, las elecciones serán solo una pantomima. Daniel Ortega simplemente llena el requisito de montar el show electoral, pero ha decidido, por sí y ante sí, que él es el único que tiene derecho a ser presidente de este país y no solo presidente, sino gobernante absoluto. El resto de nicaragüenses —aún los orteguistas— no tenemos nada que decir al respecto.

¿Qué pasa por la cabeza de Daniel Ortega que justifique que no hay nicaragüense que tenga el derecho no solo a disputarle el poder, sino que no puede siquiera votar por otra opción? Lo que pase por su cabeza es difícil de explicar sin ser psiquiatra; lo que está claro es que nada indica que la sed de poder de este señor vaya a ser saciada en un futuro cercano — a pesar que muchos por años se han hecho de la vista gorda con sus abusos por la falsa esperanza de apaciguar al dictador— . Es más, todo indica que su actitud será cada día más autoritaria y si llega a verse amenazado, no dudará en usar la fuerza, como lo ha hecho en el pasado.

¿Qué nos queda por hacer? Podemos pretender que nada pasa y vivir “tranquilos” pero bajo el eterno temor de hacer o decir algo que pueda molestarle y que eso nos cree problemas de toda índole.

Aunque si tenemos vergüenza ciudadana debemos defender nuestro derecho a votar por quien nos dé la gana, o no votar del todo, pero debe ser nuestra decisión. Lo contrario es seguir por este camino, pero sepamos que no vamos a ningún lugar. O mejor dicho, no vamos a ningún lugar bueno.

Twitter: @guayoperiodista

COMENTARIOS

  1. Pancho Madrigal
    Hace 10 años

    … se podía alegar —y demostrar como en el 2008— el fraude electoral… Que papelon nos han dado a los nicaraguenses. Nos han reducido a «demostradores» de fraudes electorales. Sera este nuestro rol en el 2016, 2021, etc? Que triste! Que verguenza!

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