teatro González
Juan Velásquez Molieri

Una oportunidad para el PLI

Soy miembro del Partido Liberal Independiente (PLI) hace más de treinta años; milito en una de sus fracciones, debido a la litis planteada hace unos cinco años. Con orgullo porto mi credencial firmada por quien era presidente nacional, el doctor Virgilio Godoy. Por respeto a sus principios, a sus héroes, y porque el PLI es digno y decente, estaré en él siempre.

Omito mis sentimientos al evocar las causas de su división; creo que, por Nicaragua y por el partido liberal, los liberales tenemos en una oportunidad de oro para reunirnos, para estar unidos con justeza y equidad, en pos de ganar el poder. Afirmo que la sentencia de la Corte Suprema de Justicia es una oportunidad para organizar la primera fuerza política.

Ello puede lograrse solamente si deponemos actitudes divisionistas, si somos positivos, si omitimos las heridas del pasado. Si persisten voces y voceros que claman la exclusión y el mesianismo, ello solamente favorecerá al enemigo común, y cavará la tumba para depositar en el ostracismo político los hermosos pabellones del liberalismo. No hay más alternativas que la unidad. Hace muchos años oí quien fuera dirigente liberal clamar: “Si no nos unimos, nos hundimos”. Es cierto.

Pensando en Nicaragua —por supuesto—, y únicamente, conjuntamente podríamos encontrar un mecanismo justo para integrarnos todas las cinco fracciones. Es difícil compartir la senda política entre quienes en el pasado reciente han lesionado a otros correligionarios. Sería difícil aceptarnos, pero por Nicaragua, soy capaz de ser aliado de Satanás.

Es difícil deponer ambiciones individuales; aceptar que otras personas también poseen los méritos y aptitudes para ocupar posiciones que durante años solamente una fracción ha ostentado. La ambición individual deforma y nubla la visión de nación que estamos obligados a tener, la visión de construir una nación desarrollada, demócrata, próspera. El mesianismo, que es la obsesión de creerse el o los únicos capaces de ejercer posiciones de elección popular, turba las mentes, obnubila la razón, alimenta y fomenta el egoísmo. La dictadura ha manipulado estos sentimientos en esas personas poseídas de mesianismo que es sinónimo de dictadura que conduce a esas actitudes: la exclusión, la chabacanería, la ofensa, las acusaciones sin sustento, provocando con ello la satisfacción y la alegría del enemigo común.

“Nadie de naturaleza humana investido con supremos poderes, puede ordenar los asuntos de los hombres sin desbordarse en insolencia y en maldad. El ser o no ser tirano es cuestión, pues, primero, de la naturaleza humana; este sí, y aquel no; todos podemos ser tiranos y lo seremos, dependiendo el serlo del grado en que logremos el poder”. Platón, Leyes, IV 713, evoca don Salomón de la Selva en sus Prolegómanos para un estudio sobre la Educación que debe darse a los Tiranos.

Si en política cunden los celos, la desconfianza, también es cierto que es el arte de lo posible, si ello es por la nación y su pueblo, por su porvenir. Si la dictadura no permitirá la observación nacional ni internacional, si sus zombis del Consejo Supremo Electoral manipulan la entrega de las cédulas, “a este si, a este no”, promueve un abstencionismo, que es una forma de fraude, porque teme la total unidad y no solamente liberal, sino independientes. El ardid de la dictadura es desalentar al pueblo, hacerlo creer que votar es inútil. Después de la sentencia de la Corte es urgente e imperativo esa gran unidad opositora y liberal. Si la dictadura está demostrando sus temores, es porque es posible derrotarla en las elecciones.

El autor es Miembro del PLI histórico. Abogado y Notario.

Opinión Nicaragua PLI archivo
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