Shaun Livingston convirtió un centenar de tiros libres en la última parte del entrenamiento del viernes. Y eso fue apenas parte de su forma habitual de practicar.
Cleveland ha integrado el plantel más caro en la NBA. Pero Golden State ha desarrollado quizás el mejor banquillo de la liga, con un grupo de jugadores combativos y disciplinados, como Livingston.
Todos están ansiosos por restarles presión a los astros Stephen Curry, Klay Thompson y Draymond Green en el momento en que se requiera. Y el jueves, en el primer partido de la final, demostraron que pueden incluso conseguir victorias en duelos cruciales cuando las principales figuras no están en su mejor noche.
Este grupo de reservistas, con vínculos estrechos, suele hablar de que todos necesitan ser fiables. Cada uno está consciente de que su misión consiste en estar listo para cualquier misión, la siguiente es hoy en el segundo partido de la final.
“Cuando uno ve que alguien está decaído, se asegura de levantarlo. Y cuando anda bien, hay que mantenerlo así, porque uno nunca sabe qué ocurrirá en cada partido”, dijo el viernes Marreese Speights.
Los reservistas hicieron justamente eso en el primer encuentro de la final, una victoria por 104-89. Y los Cavaliers seguramente están preocupados por lo que pueda ocurrir en el segundo enfrentamiento, a sabiendas de que los Warriors son mucho más que Curry y Thompson.
Ahora, LeBron James y compañía deberán concentrarse en la forma de frenar al banquillo de Golden State. De lo contrario, los Cavs perderán su segunda final consecutiva ante los Warriors.