En la isla griega de Naxos se celebraba antiguamente una gran fiesta popular llamada Arianeas.
En la ceremonia principal de dicha celebración, un hombre joven se tendía sobre una cama colocada en el centro de la plaza, simulando estar en trabajo de parto como si fuere una mujer parturienta y gritando por el supuesto gran dolor que sufría por el alumbramiento.
Aquellas fiestas se llamaban Arianeas porque se celebran en memoria y honor de Ariadna (“la más pura”), la legendaria princesa de Creta que dio a Teseo una espada mágica para que matara al Minotauro y un ovillo de hilo para que pudiera salir del Laberinto que servía de guarida a aquel monstruoso ser que tenía el cuerpo de hombre, la cabeza de toro y un voraz apetito de carne humana.
A cambio de la ayuda de Ariadna, Teseo se comprometió a llevársela de Creta y casarse con ella. De manera que después de cumplir la misión de matar al Minotauro, Teseo huye de Creta y de la ira del rey Minos, padre de Ariadna, y emprende viaje de regreso a Atenas llevando consigo a la hermosa princesa.
La nave de Teseo es azotada por una tormenta y para en la isla de Naxos, para esperar que el tiempo mejorara. También se cuenta que la nave se detuvo en la isla para que la tripulación se abasteciera de agua y comida, pero cualquiera que haya sido la razón para detenerse, el ingrato Perseo deja abandonada a Ariadna en Naxos.
Teseo ignora que Ariadna está embarazada de él después de que en el trayecto de Creta a Naxos hicieron el amor en repetidas ocasiones. De manera que Ariadna da a luz en Naxos a un hijo sin padre, abandonada por su amante pero acogida con bondadosa voluntad por las nativas de la isla que la atienden durante el parto.
Sin embargo, Ariadna al fin y al cabo sale ganando, pues cuando está alumbrando en Naxos llega, Dionisio, el dios del vino al que los romanos llaman Baco. Dionisio se enamora de Ariadna, quiere hacerla su esposa y como ofrenda de matrimonio le regala una corona de oro con incrustaciones de perlas y diamantes, obra de Hefesto, el herrero y joyero de los dioses del Olimpo. Y además, Dionisio promete a Ariadna que la hará vivir para siempre, pues a pesar de que ella es nieta de Zeus, tendría que morir algún día como todos los seres mortales.
El escritor viajero español, Javier Reverte, dice en su libro, Corazón de Ulises, que Ariadna acompaña a Dionisio en el largo viaje que este hace por el mundo enseñando las artes de la agricultura y la fabricación de herramientas y después la lleva a vivir en el Olimpo. Y en otras versiones del mito se dice que Ariadna es llevada al cielo, donde los dioses la colocan entre las estrellas, igual que colocaron a Casiopea, Andrómeda, las Pléyades y tantas otras más que brillan en el universo. Y por la espléndida corona de oro que hizo Hefesto y Dionisio se la regaló a Ariadna, se formó la constelación que fue llamada Corona Boreal por los astrónomos.
En memoria de que Ariadna dio a luz en Naxos y se caso allí con Dionisio, fue establecida en la isla la celebración de las Arianeas, con la curiosa costumbre ya mencionada de que un varón simulaba estar en trabajo de parto y aparentaba sufrir los dolores que lo acompañan, del cual se dice que ningún hombre sería capaz de soportar.
En otras versiones del mito de Ariadna se explica el origen de las Arianeas de distinta manera. Se dice que cuando la nave de Teseo es azotada por la tormenta el héroe desembarca a Ariadna en Naxos, porque está embarazada y enferma. Teseo regresa a la nave ý esta es arrastrada por la tormenta, alejándola de la isla. Teseo quiere volver a la isla pero no puede, de manera que si Ariadna queda abandonada no es por voluntad de su amante.
Las mujeres de Naos ayudan a Ariadna en todo lo que pueden, pero la joven muere durante el parto.
Finalmente Teseo regresa a Naxos pero Ariadna ya no está entre los vivos. Entonces Teseo manda a hacer una estatua de Ariadna y da a los habitantes de la isla suficiente dinero y joyas para que la honren como a una divinidad y le hagan sacrificios. Tal habría sido entonces el origen de las fiestas Arianeas en Naxos.
Algunos autores dicen que Ariadna tuvo varios hijos de Dionisio, entre ellos Estáfilo (“Racimo”) y Enopión (“Bebedor de vino”), quienes habrían comenzado el arte del cultivo de la uva, la elaboración del vino y el placer de tomarlo.