El estado costarricense finalmente indemnizó con 50 millones de colones (cerca de 100 mil dólares) a Francisco Flores, el nicaragüense que pasó 17 meses recluido en una cárcel de Costa Rica por un «grosero» error de identidad que ninguna autoridad corrigió cuando la policía lo detuvo en un retén, creyendo que él era un prófugo de la justicia.
Flores, de 48 años, fue detenido equivocadamente en septiembre de 2013 por la Policía Municipal de San José. Las autoridades lo confundieron con Francisco Flores, otro nicaragüense de 76 años buscado en Costa Rica para que cumpliera su condena de 4 años de cárcel por abuso de menor.
Aunque pasó por varios filtros judiciales, incluso pruebas de huellas dactilares, nadie reconoció que el Francisco Flores detenido era otra persona, con 28 años menos, de tez blanca y cabello negro; rasgos contrarios al del verdadero prófugo.
Por medio de su abogada Dania Rodríguez, Flores presentó una demanda por daños materiales y perjuicios morales contra el Estado, por un monto de 1,040 millones de colones (cerca de 2 millones de dólares) ante el Tribunal Contencioso Administrativo de y Civil de Hacienda, en Goicoechea, San José.
No obstante, este medio conoció que tras una audiencia de conciliación, el Estado se comprometió a pagar 50 millones de colones solo por daños materiales, sentencia que duró varios meses en hacerse efectiva.
El propio Flores confirmó esta mañana, de manera escueta, que efectivamente ya fue indemnizado de parte del estado costarricense luego de varios meses de espera en un desesperante proceso legal.
Fue desde finales de 2015 que el proceso entró en etapa conciliatoria y durante el mes anterior, se realizó una última audiencia privada en el Tribunal Contencioso Administrativo en la que estuvo presente la procuraduría como abogada del Estado, la víctima y hasta algunos policías y funcionarios que participaron en la captura.
Esto con la finalidad de hacer un reconocimiento de los implicados, según declaró en su momento Flores.
Desde que salió de la cárcel, el pasado mes de febrero de 2015, Flores no encontró trabajo estable en Costa Rica. “Arruinaron mi vida. Vivo traumado de todo lo feo que vi en la cárcel, cosas que no puedo decir porque uno teme le pase algo. Por eso mi temor de andar en la calle”, contó Flores el pasado mes de abril 2015, quien en Nicaragua se desempeñaba como chofer de rutas de transporte colectivo.
“No puedo dormir pensando cosas y cuando logro conciliar el sueño es con pastillas. Sicológicamente no estoy bien, ni de salud. Para peores no tengo un trabajo estable y tampoco seguro social para atenderme en la clínica”, añadió.
La equivocación llevó a Flores a la cárcel San Sebastián, primero, y luego a La Reforma, esta última la de mayor seguridad del país, donde cumplen condenas reos peligrosos.
Ahí no solo fue excluido del mundo, sino que perdió contacto con sus familiares, quienes hasta lo dieron por muerto y le hicieron un velorio en su natal Managua.
Salió de la cárcel por orden de la Sala Cuarta Constitucional, al resolver que las autoridades competentes no verificaron aspectos elementales de identidad, ni durante la detención ni durante su encarcelamiento. Entre el verdadero sentenciado y el perjudicado existían 28 años de diferencia, las fotos de su rostro no coinciden. Con el dinero obtenido tras la demanda, Flores desea rehacer su vida.
La Corte Suprema de Justicia no quiso ampliar sobre el monto conciliado, por prohibiciones legales.