LOS PAGANINI
En el momento en que esos 50 tanques militares rusos desembarquen en algún puerto del país, cada nicaragüense vivo, desde los cero días de nacido hasta los cien años e, incluso, quienes están por nacer en los próximos años, estará asumiendo una deuda de 13 dólares por cabeza. O sea que una familia de cinco miembros tendrá que pagar 65 dólares, casi dos mil córdobas, para que Daniel Ortega y el Ejército tengan esos juguetitos que en la práctica no sirven para nada. Los Paganini, nos dice.
REAL ACADEMIA
Por cierto, la palabra “paganini”, que viene por influencia del apellido del famoso músico italiano, ya está aceptada por la Real Academia Española de la Lengua (RAE) y significa eso en lo que siempre la hemos usado: “Persona que paga, generalmente por abuso, las cuentas o las culpas ajenas”.
ORNAMENTALES
La única acción de “combate” con tanques que yo recuerde sucedió el 21 de diciembre de 1989, poco después de la invasión norteamericana en Panamá, cuando tanques del ejército sandinista rodearon la embajada de Estados Unidos en Nicaragua en lo que pretendía ser “una demostración de fuerza y reciprocidad”. Antes de eso, recuerdo haber visto llegar un par de tanques T55 a Santa Clara, Nueva Segovia, en 1983, que rápidamente demostraron su inutilidad en la lucha de montaña y fueron regresados a Managua con más pena que gloria. Después solo para desfiles. Los tanques del Ejército son tan ornamentales y útiles como los árboles de la vida. Y puedo entender que el comandante Ortega o el general Julio César Avilés se exciten viendo desfilar esos armatostes cada año, pero es una vergüenza que lo hagan a costa de quitarle dinero a la comida, la salud o a la educación de los nicaragüenses.
DISPARATE
Y bien podríamos entrar a discutir si es necesaria, y hasta qué punto prioritaria, la renovación del armamento del Ejército. A lo mejor sí. A lo mejor no. Pero en caso fuese una prioridad por la amenaza del narcotráfico, el crimen organizado o la defensa de nuestro mar recuperado, el sentido común dice que es otro tipo de armamento el necesario, a menos que, como decía con algo de humor alguien por ahí, en las redes sociales, la idea sea montarlos en alguna lancha para llevarlos a defender la frontera marítima con Colombia.
CHAMARRAZO Y CARÁMBOLA
La verdad yo considero demasiado estúpido eso de comprar tanques militares en estos tiempos y estas carnes como para que sea cierto. Militarmente no tienen ninguna justificación. Tiene que haber otro interés, y aquí es donde yo me atrevo a aventurar dos hipótesis: una, que es otro chamarrazo para ponernos a hablar sobre este tema y luego aparecer, en toda su magnanimidad, diciendo que hay otras prioridades en las que invertir ese dinero; o dos, que es otra carambola de Ortega, y se trata de equipo que Rusia dona pero van a cargárselo al presupuesto para echarse ese dinero en la bolsa, como ha sucedido con el trigo, los ladas y los buses rusos.
DEBER CIUDADANO
Sea como sea, todos los ciudadanos, independientemente de su posición política, tenemos la obligación de impedir, de forma pacífica y ciudadana, que esos tanques lleguen a Nicaragua, no solo porque nos regresan a un pasado del que queremos escapar sino también, y sobre todo, porque nos quitan los recursos que tanto necesitamos para tantas urgencias sin cubrir.
IPEGÜE
No puedo terminar mi columna si decir esto: la capacidad de sobrevivencia de Wilfredo Navarro como político es sorprendente. Pertenece a esas especies que sobrevivieron a la Edad de hielo, al posterior deshielo y a otros cataclismos mundiales, por su capacidad de adaptarse a las nuevas circunstancias. Es de esas especies que reptan, mudan piel, se mimetizan, simulan voces de otros animales para llevarlos a la trampa, se canibalizan para alimentarse en tiempos de crisis o son capaces de hibernar durante largos periodos a la espera del momento oportuno de salir de la madriguera. Pero, cuando ya los libros de historia hablan de los suyos como una especie extinta, ahí aparece Wilfredo Navarro de nuevo, y como el dinosaurio dice: Yo soy el futuro.