Hoy se cumplen 62 años de la histórica conspiración armada antisomocista del 4 de abril de 1954, que fracasó trágicamente y casi todos sus participantes, militares y civiles, fueron asesinados por la Guardia Nacional. Todos los caídos en aquella acción de rebeldía patriótica son recordados en la historia de Nicaragua como Mártires de Abril.
Esa gesta de la lucha armada contra la dictadura hay que conmemorarla cada año, como un merecido homenaje a la memoria de aquellos hombres que ofrendaron su vida en la lucha por la libertad y la democracia. Pero también es necesario recordarla para fortalecer la convicción de que esos capítulos sangrientos de la historia nacional no deben repetirse, porque los nicaragüenses merecemos vivir en democracia y tenemos derecho a la libertad, sin necesidad de ir a conquistarla con más derramamiento de sangre de hermanos.
La conspiración de abril de 1954 ocurrió porque el dictador militar Anastasio Somoza García no permitía elecciones libres y limpias y pretendía volver a reelegirse como presidente de Nicaragua, a pesar de que la Constitución prohibía la reelección presidencial.
De hecho, prácticamente todas las conspiraciones, contiendas armadas y luchas fratricidas en el país han sido provocadas por dictadores empecinados en negar el derecho de los nicaragüenses a elegir libremente los gobernantes y vivir en democracia.
Inclusive la Revolución Sandinista de 1979, se desencadenó y fue apoyada por la mayoría de la población, a pesar del gran crecimiento económico, porque la dictadura somocista no permitía elecciones justas y transparentes ni la alternabilidad en el poder. Y del mismo modo, la contrarrevolución armada antisandinista que dejó decenas de miles de muertos, heridos y mutilados, y una gran destrucción material, también fue causada entre otras razones porque los comandantes sandinistas no querían realizar elecciones libres y transparentes, hasta que fueron obligados a permitirlas el 25 de febrero de 1990 y las perdieron como era inevitable que ocurriera.
Ahora otra vez se está derramando la sangre de rebeldes, policías y soldados nicaragüenses, en zonas montañosas del país. La noticia ya repercute en los grandes medios de prensa internacional, aunque los alzados en armas de ahora no tienen posibilidad de vencer a las poderosas fuerzas armadas orteguistas, ni la esperanza de recibir ayuda del exterior como la recibieron los combatientes sandinistas y por eso derrotaron al somocismo, y la recibió también la contrarrevolución.
La razón principal de que siga corriendo la sangre de nicaragüenses vuelve a ser la falta de elecciones justas y transparentes. La misma causa por la que dieron su vida los Mártires de Abril. Una lamentable tragedia que ya no debería estar sucediendo en Nicaragua.