En la Casa de América de Madrid, España, se realizó un seminario internacional en homenaje a Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura en 2010, con motivo de haber cumplido 80 años de vida el 28 de marzo recién pasado.
Además del cumpleañero intervinieron en el seminario los expresidentes: de Chile, Sebastián Piñera; de Colombia, Álvaro Uribe y Andrés Pastrana; de Uruguay, Luis Alberto Lacalle; y de España, José María Aznar y Felipe González.
También participaron los escritores españoles Fernando Savater, Carmen Riera y Javier Cercas, así como el escritor turco Premio Nobel de Literatura, Orhan Pamuk. Y asistieron como invitadas especiales las esposas de los presos políticos venezolanos, Leopoldo López y Antonio Ledezma, lo mismo que destacados disidentes, opositores y periodistas independientes del interior de Cuba.
La celebración del natalicio de Vargas Llosa en Madrid no fue un simple festejo de cumpleaños. Fue un homenaje a la libertad en todas partes donde existe pero sobre todo en aquellos países donde se lucha por conquistarla y defenderla, como es el caso de Nicaragua.
A pesar de su avanzada edad Mario Vargas Llosa se ha mostrado optimista con el futuro de la libertad en el mundo, particularmente en América Latina. “El mundo está mejor aunque anden muchas cosas mal —dijo—. Hay menos cosas malas que en el pasado y, en ese amplio ámbito que es el mundo en lengua española, las cosas andan bien en muchos sentidos”. Y en respaldo de su argumento mencionó los casos de Argentina y Cuba.
Respecto a Cuba, Mario Vargas Llosa estima que como consecuencia de su acercamiento a Estados Unidos la dictadura comunista se convertirá de inmediato en una dictadura capitalista, y “esperemos que muy pronto después, por fin y luego de 57 años, en una democracia… Nadie informado puede creer que el marxismo-leninismo es la solución para los problemas de un país”, sentenció el escritor peruano-español, que es tan famoso por su obra literaria como por su apasionada defensa de la libertad desde que renegó de las creencias marxistas de su juventud.
Pero Vargas Llosa no cierra los ojos ante las fallas de la democracia y los vicios de los políticos democráticos. Fustiga la inconsecuencia con las necesidades sociales y denuncia “problemas gravísimos” como el de la corrupción.
La corrupción, asegura Vargas Llosa, “afecta por igual a países pobres y ricos, democracias nuevas y primerizas, es carísima y tiene muchos efectos nocivos, pero el mayor es el desencanto, el desaliento en quienes habían creído en la democracia y ven que solo sirve a algunos para enriquecerse o alcanzar impunidades en sus fechorías”.
Con estas palabras se ha referido sin mencionarlo al caso de Nicaragua, donde la corrupción de un sector importante de la clase política no solo condujo al desencanto y el desaliento de mucha gente que creía en la democracia y la libertad, sino también a restaurar la dictadura en una curiosa mezcla de orteguismo y neosomocismo.