Mario Vargas Llosa durante una corrida de la feria taurina del Señor de los Milagros en la Plaza Acho en Lima (Perú). Desde el barrio mesocrático de Miraflores hasta las calles decadentes y peligrosas de Cinco esquinas, Lima ha sido y sigue siendo siempre un personaje, más que un escenario, en la obra literaria de Mario Vargas Llosa, que el próximo lunes cumple 80 años. LA PRENSA/EFE/Paolo Aguilar/ARCHIVO

Mario Vargas Llosa festeja sus 80 años con eventos culturales e invitados de lujo

Mario Vargas Llosa lleva meses de vértigo, cambio de vida sentimental, nueva novela, su entrada en la colección de La Pléiade.

Mario Vargas Llosa lleva meses de vértigo, cambio de vida sentimental, nueva novela, su entrada en la colección de La Pléiade, la celebración desde mañana de un seminario en torno a su obra con grandes de la política y la cultura y hoy, día de su 80 cumpleaños, soplará las velas ante casi 400 invitados.

Una celebración de un cumpleaños muy especial para el premio nobel, que tendrá lugar está noche en el madrileño Hotel Villamagna con una cena a la que está prevista que acudan, además de amigos y familiares, las personalidades que participarán desde mañana en el seminario que se inaugurará en la Casa de América.

Al seminario, organizado por la Fundación Internacional para la Libertad y la cátedra Mario Vargas Llosa, asistirán una decena de mandatarios iberoamericanos, y será inaugurado por el presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy.

También estarán presentes en la cita expresidentes latinoamericanos como Andrés Pastrana (Colombia), lvaro Uribe (Colombia), Sebastián Piñera (Chile), Luis Alberto Lacalle (Uruguay) y Luis María Sanguinetti (Uruguay) y los españoles Felipe González y José María Aznar.

Un encuentro en el que participará el escritor turco y premio nobel de Literatura Orhan Pamuk, y autores y amigos de Vargas Llosa, como Fernando Savater, Javier Cercas, Enrique Krauze, Alonso Cueto, Carme Riera, Plinio Apuleyo, Mauricio Rojas y Alex Chafuen, además de la bloguera cubana Yoani Sánchez.

ACOMPAÑADO POR ISABEL PREYSLER

Mario Vargas Llosa, un aries, signo del fuego, solía celebrar sus cumpleaños en Arequipa (Perú), su tierra natal, pero esta cifra redonda, las ocho décadas, la celebra en Madrid acompañado por Isabel Preysler, su amor, su pareja y quien parece que ha organizado el festejo, y muy posiblemente junto a uno de sus hijos, lvaro.
Una cela de gala, de esmoquin y vestido largo, que sin duda dará mucho que hablar en los próximos días y que será material para el papel cuché.

Y es que está claro que Vargas Llosa ha hecho una fuerte apuesta por el amor, por estar y sentirse vivo, algo que últimamente le ha hecho ser noticia, más allá de la creación literaria o de su actividad ensayista y política.
«Si salir en las revistas del corazón es el precio que tengo que pagar por estar con la mujer de la que estoy enamorado, lo pago», ha comentado recientemente el premio nobel.

Pero, aunque este año pude considerarse mágico para el escritor, toda la vida de Vargas Llosa ha estado plagada de éxitos, con una carrera literaria que ha contado siempre con el favor del público y el aplauso de los premios.
Además del Nobel, Vargas Llosa posee el Cervantes, el Príncipe de Asturias, el Rómulo Gallegos, el Planeta o el Jerusalén, entre otros muchos.

EL FRACASO EN LA POLÍTICA

Un historia con un solo fracaso, el de su experiencia política, cuando fue candidato a la presidencia del Perú en 1990. Aparte de esto, el académico y autor de títulos como «La ciudad y los perros», «La tía Julia y el escribidor», «Conversaciones en La Catedral» o «La fiesta del chivo» siempre ha tenido la sonrisa a su favor.

La vida sentimental de Vargas Llosa ha sido intensa: tras divorciarse de su tía política Julia Urquidi en 1964, al año siguiente se casó con una prima, Patricia Llosa, con quien estuvo casado 50 años y de cuya unión nacieron Alvaro (1966), Gonzalo (1967) y Morgana (1974), hasta que se unió hace casi año a Isabel Preysler.

Una vida que también ha estado determinada por la figura de su padre, un hombre autoritario que nunca quiso que fuera escritor y al al que Vargas Llosa daba por muerto, como le había hecho creer su madre, y cuya aparición en su vida, a los 10 años y tras reconciliarse con su madre, de quien se había separado antes de su nacimiento, le marcó para siempre.

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