Querida Nicaragua: el tema de la pasión de Jesús ha sido motivo de inspiración para millones de artistas en el mundo cristiano. Son invaluables la cantidad de obras de arte religioso cristiano que se encuentran en iglesias y museos en el mundo entero. Cada pintor en el renacimiento italiano, antes y después de este, encontró sobrados motivos de inspiración en la vida, pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor.
En los cuadros del Greco, por ejemplo, cuya característica es el uso del blanco luminoso en todas sus obras, encontramos extraordinarias pinturas sobre el descendimiento, la resurrección y muchas más.
Igualmente Velásquez, Goya, Murillo, Rembrandt y tantos otros grandes maestros de la pintura encontraron sobrados motivos de inspiración en la vida, obra y pasión de nuestro Señor.
Lope de Vega, el Fénix de los ingenios y el monstruo de la naturaleza como le llamaba don Miguel de Cervantes, nos legó varios miles de versos inspirados en el sufrimiento de la virgen María, en el martirio de Jesús, en la calle de la amargura, en la crucifixión, versos donde aparecen los personajes que acompañaron al divino Maestro en su calvario y muerte en la cruz.
Viniendo a nuestro siglo pasado, el autor italiano Giovanni Papini, en páginas apasionadas relata la vida de Cristo en una de sus obras maestras. Papini, un agnóstico y luego converso, dejó emocionantes páginas sobre la vida de Jesús.
Hablando de arte sacro estoy recordando el famoso cuadro El Retorno del hijo Pródigo, de Rembrandt, que se exhibe en el Museo del Hermitage en San Petersburgo, Rusia.
El tema de esta obra inmortal de Rembrandt está basado en la conocida parábola del hijo pródigo, que nuestro Señor enseñó a sus discípulos para demostrarles el amor inmenso y la misericordia sin límites de nuestro Padre Celestial. En la parábola el hijo menor le pide al padre su herencia. Este se la entrega y el hijo la malgasta en vicios de todo género. Al poco tiempo, se encuentra alimentando cerdos para poder subsistir y arrepentido reflexiona y regresa a su casa a pedirle perdón a su padre.
El genio del pintor coloca al hijo casi en harapos arrodillado ante el padre. Está de espaldas y no se le ve el rostro, pero sí tienen gran luminosidad las manos del anciano puestas sobre la espalda del hijo que regresa. Las manos y el rostro del padre reflejan el perdón y la alegría de tener de nuevo a la oveja perdida, al hijo que se había ido y ha regresado. Rembrandt seguramente quiso destacar el amor de Dios hacia el hombre, hacia la humanidad. El perdón como centro de la vida cristiana.
Rubens y muchos otros excelsos pintores han dejado obras maestras con ese gran acontecimiento, único en la historia de la humanidad como ha sido el nacimiento, la vida, pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor. Y hoy en día igualmente se inspiran los artistas en este Cristo que vive entre nosotros, que continúa haciendo hoy los milagros que hizo cuando le tocó vivir entre nosotros.
La pasión es pues la obra cumbre de Dios nuestro Señor, el más grande milagro del mundo, la más generosa de las entregas a la humanidad. Y ese es el acontecimiento que celebramos los cristianos en esta semana.
Por eso, no es justo que algunos se olviden de esto y dediquen esta semana al desenfreno de bailes escandalosos en las playas, a promover concursos de belleza explotando la vanidad de incautas jovencitas que buscan fama y popularidad. Bien podrían escoger otro momento, otra semana, cualquier otra que no fuera esta que recuerda la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor.
No es puritanismo ni mojigatería. Simplemente recordamos la obligación de guardar respeto para estos días santos. Dios bendiga a nuestro pueblo.
El autor es gerente de Radio Corporación y excandidato a la Presidencia de la República en 2011.