El CSE y la observación electoral

En una inusual comparecencia ante periodistas de diversos medios de comunicación, inclusive independientes, el presidente del Consejo Supremo Electoral (CSE) se refirió a la demanda de observación electoral internacional para las elecciones del próximo mes de noviembre.

Es importante repetir que esta demanda no es solo de los partidos políticos opositores al régimen orteguista, sino también de la sociedad civil, las organizaciones empresariales e incluso de la Iglesia católica de Nicaragua, por medio de su Conferencia Episcopal, lo mismo que de congregaciones evangélicas.

Pero con su arrogancia característica el presidente del órgano electoral del Estado más bien se burló de la demanda de observación internacional. “Yo creo que los nicaragüenses, con ese ejército de fiscales, con ese ejército de ciudadanos que participan en las Juntas Receptoras de Votos, son aproximadamente 590 mil personas si todos los partidos pusieran, es un ejército verdadero completo”, aseguró el titular del CSE. Y agregó que “sólo al Frente Sandinista y al PLI le corresponde poner aproximadamente 150 mil personas, como 75 mil personas cada uno para ocupar la presidencia y primer miembro en cada consejo departamental, en el municipal y en cada Junta Receptora de Votos”. Sin embargo, ese “ejército” de supuestos vigilantes nicaragüenses de las elecciones, como lo sabe muy bien el presidente del órgano electoral, no significa nada a la hora del fraude que desde el año 2008 se viene haciendo con descaro e impunidad sistemática.

De las palabras del presidente del CSE se pudiera deducir que no habrá observación electoral internacional, ni nacional, en los comicios de noviembre próximo, solo el “acompañamiento” de amigos que vienen avalar lo que hace y dice el orteguismo electoral. Pero el titular del poder electoral del Estado dijo también que “en estas cosas (o sea en la materia de la observación electoral independiente) nunca está dicha la última palabra” y que “no es el momento de hablar de observación”.

En realidad no es este señor ni sus compañeros del CSE los que pueden tomar la decisión de invitar o no a los observadores internacionales, sino el mismo Daniel Ortega. En el sistema político absolutista de estilo monárquico que se ha impuesto en Nicaragua, el presidente inconstitucional Daniel Ortega es la personificación del Estado (como lo era el rey Luis XIV en la Francia del siglo 17), a él se subordinan todos los poderes estatales, los entes gubernamentales, la Constitución y las leyes, absolutamente todo.

De manera que lo que en realidad hay que deducir de las palabras del presidente del CSE es que el dictador Ortega no ha tomado todavía una decisión sobre permitir o no la observación electoral internacional de carácter independiente, la cual no puede impedir el fraude, pero es efectiva cuando los observadores pueden cumplir sus funciones a cabalidad y su dictamen significa un gran respaldo político y moral para denunciarlo nacional e internacionalmente.

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