El presidente inconstitucional Daniel Ortega ha manifestado en distintos momentos su interés en abolir el presidencialismo y sustituirlo con el parlamentarismo, prácticamente lo ha hecho saber desde que perdió el poder en 1990 y lo continúa promulgando desde que lo recuperó en el 2007.
El 19 de julio de 2003, al conmemorar el 24 aniversario de la revolución sandinista, en la Plaza de la Fe, Ortega proclamó que tenía el propósito de poner fin al sistema presidencial y establecer el régimen parlamentario. Lo trajo al tapete nuevamente en el 2009.
¿Por qué el interés de Ortega de cambiar el sistema presidencialista a un parlamentarista? Expertos en derecho lo explican.
“Nicaragua tiene una tradición de su modelo político, el presidencialismo, no solo obedece a nuestra tradición política nacional sino de Latinoamérica”, expresa Óscar Castillo, experto constitucional.
A juicio de Castillo, en Nicaragua existe de hecho un cogobierno donde la primera dama Rosario Murillo realiza funciones de primera ministra.
“Realmente el cogobierno actual funciona así, la primera dama realiza funciones de primer ministro y el de presidente o jefe de Estado, tal a como pasa en Israel, Alemania o incluso en los gobiernos monárquicos como España e Inglaterra, en donde la figura de presidente la ejerce el rey o reina”, señaló Castillo.
De acuerdo con Castillo, un sistema parlamentario le permitiría a Ortega “gobernar con su cogobernante, su esposa, que hasta ahora sin ser electa asume tareas de gobierno como si fuera vicepresidenta del país”.
De darse un cambio en el sistema político, Castillo asegura que Ortega como presidente podría ser electo con funciones limitadas, pero como jefe de Estado y del Ejercito y la Policía.
RESPETO A LA DEMOCRACIA
Para Oscar Castillo, el modelo parlamentarista no encaja en la cultura política de Nicaragua y asegura que la nación lo que necesita es fortalecer su democracia institucional.
“Tendríamos que verlo en qué contexto se daría. Nicaragua no necesita un cambio de modelo, lo que necesita es todo lo contrario, que se respete la democracia y la institucionalidad sin importar el modelo que tengamos, parlamentarista o presidencialista, eso es lo de menos”, consideró.
NO HAY CONDICIONES
Para Germán Orozco, experto en Derecho de la Universidad de Salamanca, el sistema parlamentarista es legítimo y funciona en los países con vocación democrática, pero en Nicaragua, señala, no existen las condiciones democráticas para ese cambio.
“El sistema parlamentarista no es antidemocrático, pero en las circunstancias que está Nicaragua, donde el parlamento no es independiente, entonces es otra manifestación del poder dictatorial”, aclara Orozco.
“En vez de cambiar el sistema presidencial a parlamentarista, sería más democrático que Ortega dejara que los poderes de Estado fueran independientes, porque los ha convertido en apéndices de su poder”, sostiene.
De acuerdo con Orozco, los sistemas parlamentaristas son sanos en países donde se respeta el orden jurídico, institucional y político.
PERPETUARSE EN EL PODER
El exdiputado y analista político José Pallais Arana, asegura que el presidente inconstitucional, Daniel Ortega, ha pretendido desde hace tiempo instaurar el sistema parlamentarista a través de una constituyente.
“En el pasado Ortega impulsó la instauración de un régimen parlamentario en Nicaragua, con el único objetivo de perpetuarse en el poder para de forma indirecta suprimir la prohibición constitucional a la reelección, lo que no pudo realizar por la oposición de un grupo de diputados liberales que nos negamos a respaldar un nuevo pacto Ortega-Alemán”, revela Pallais.
Asegura que Ortega y Murillo buscan garantizar una dinastía, perpetuando una sola familia en el poder y satisfacer los intereses de quien anhela sucederle.
“Ortega, hoy que tiene la mayoría necesaria en la Asamblea Nacional, podría intentarlo para garantizar la sucesión familiar de su gobierno en el interés de que desaparezca la figura del vicepresidente y de separar el poder de la figura presidencial, como de hecho la primera dama ha venido haciendo, para evitar competencia ante una eventual falta de Ortega”, calcula Pallais.
El jurista señala que tanto el régimen presidencialista como el parlamentario ofrecen ventajas y desventajas, con elementos positivos y negativos para una sociedad, las cuales nunca se han valorado de cara a la conveniencia del régimen parlamentario en el país.
“El éxito de un régimen parlamentario requiere la existencia de partidos fuertes, construidos alrededor de una ideología no de un cacicazgo, en sociedades sin la madurez necesaria como en Nicaragua el parlamentarismo puede traer mayor inestabilidad; pero sobre todo el parlamentarismo requiere de un sistema electoral que garantice el respeto al voto de los ciudadanos”, advierte Pallais.
ES CONSTITUCIONAL
Cairo Manuel López, expresidente de la Asamblea Nacional, asegura que llamar a la población a efectuar elecciones para que se nombren o elijan nuevos diputados para constituir una Asamblea Nacional Constituyente, es un mecanismo establecido en la Reforma Constitucional.
Señala que de aprobarse la convocatoria a una constituyente “y si el sandinismo tiene la mayoría a lo mejor podrían empujar un proyecto semiparlamentario en Nicaragua, pero eso todavía es una especulación saber por dónde se va a dirigir Ortega”.
Una Constituyente la decide la Asamblea Nacional con las tres cuartas partes de los votos, quienes aprueban y convocan a alecciones para nombrar una Asamblea Constituyente que tendría como función aprobar las nuevas leyes. Se puede convocar cuando la Asamblea lo decide, no existe plazo definido.
Los diputados constituyentes son electos solo para aprobar las nuevas leyes, pero pueden aprobar un artículo transitorio estableciendo que ellos se quedan legislando mientras se elige una Asamblea ordinaria.
Los diputados constituyentes pueden cambiar el sistema presidencialista por uno parlamentario.