Brooklyn

Según los parámetros contemporáneos de la migración, la historia de Brooklyn espírrica en drama. Eilis (Saorsie Ronan), la protagonista, no huye de la guerra o el hambre.

Según los parámetros contemporáneos de la migración, la historia de Brooklyn espírrica en drama. Eilis (Saorsie Ronan), la protagonista, no huye de la guerra o el hambre. Es una joven en el borde de la adolescencia y la madurez, con una vida modesta pero cómoda en Irlanda. Viaja a Nueva York en un bote seguro, donde sabe que le espera un trabajo y un techo. Lo peor que le sucede es una intoxicación digestiva. El único suspenso viene de un agente de aduanas, con el poder de decidir si sellar o no su pasaporte. Sin embargo, la distancia y las especificidades históricas y culturales, nos permiten enfocarnos en los dilemas más íntimos del desplazamiento humano. Brooklyn tiene que ver con la necesidad de encontrarse a uno mismo en un lugar ajeno, y la dimensión política o económica del asunto.

La película arranca en el pueblo de Enniscorthy, en algún momento de la década de los 50. Para cuando conocemos a Eilis, su decisión ya está tomada. La acompañamos en las últimas conversaciones con su hermana Rose (Fionna Glascott) y su madre (Jane Brennan). En un episodio iluminador, vemos cómo notifica a su empleadora, la Sra. Brady (Emma Lowe). En cuestión de minutos, ella cristaliza lo peor de la dinámica social en un pueblo pequeño con férrea división de clases, ayudándonos a entender por qué Eilis da el paso de migrar, a pesar del dolor emocional que esto implica. Brady, y lo que representa, se convierte en un elemento catalizador recurrente en la trama.

La película asume una estructura anecdótica, siguiendo a Eilis mientras construye su nueva vida. El estilo del director John Crowley es claro y limpio, anclado en la presencia de la actriz Saorsie Ronan. Su interpretación es transparente. Podemos ver sus emociones y pensamientos, vibrando en sus gestos y mirada. Brooklyn esta precisamente calibrada a la interpretación de Ronan. Raras veces vemos ahora, en el cine, una película tan atenta al lenguaje físico de la persona. Afortunadamente, Ronan es una actriz prodigiosa, capaz de proyectar vida interna en gestos y miradas. Observándola, Crowley nos lleva a lo universal a través de lo particular. Los personajes que se cruzan en su camino están similarmente delineados, sugiriendo una vida de experiencias en pocas apariciones: la señora Keogh (Julie Walters), la casera que preside la mesa de chicas en la casa de huéspedes, cual madre adoptiva; la Sra. Fortini (Jessica Paré), estoica supervisora en una tienda por departamentos; el padre Flood (Jim Broadbent), sacerdote que le ayuda a asentarse en América; y Tony Fiorello (Emory Coehn), el joven plomero italiano que la pretende.

Justo cuando Eilis se acomoda, una inesperada emergencia reclama su presencia en Irlanda. Aquí, la película descubre su gran dilema: la posibilidad de vivir “en casa” se vuelve viable, incluso, deseable. Se materializa un interés romántico (Domhnall Gleeson) y un buen trabajo. La cercanía de la familia es siempre un aliciente. Y la aventura newyorquina confiere en nuestra protagonista cierto aire de sofisticación. Si antes era una chica más, ahora es una suerte de mujer de mundo. Eilis tendrá que decidir si su casa es necesariamente su hogar.

Brooklyn fue nominada a tres Óscar de la Academia, incluyendo Mejor Película y Mejor Actriz Protagonista. Aún así, es una especie de milagro que se esté proyectando en el cine. La férrea competencia comercial la ha relegado a una única tanda al día, a las 8:00 p.m. en Cinemas Galerías. Haga lo que tenga que hacer para verla en el cine.

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