Entusiasmado por la espontaneidad y la sencillez de la nueva embajadora de los Estados Unidos en Managua, señora Laura F. Dogu, a quien conocí en la recepción que ofreció LA PRENSA para la celebración de su 90 aniversario, escribo estas notas.
La noticia ya la saben: la súper ventaja obtenida por Donald Trump en 7 de los 11 estados el pasado martes, en todo el sur y en Nueva Inglaterra lo que le permite mayores delegados a pesar de la creciente resistencia de su candidatura entre los líderes del Partido Republicano.
Georgia, Massachusetts, Tennessee Arkansas y Virginia, fueron los territorios en donde demostró un enorme apoyo de la clase blanca media baja, de los evangélicos, y de aquellos que no tuvieron la oportunidad de ir a una universidad, y a los cuales les ha prometido consolidar el Partido Republicano detrás de él: “Yo soy unificador”. “Y cuando todo esto termine, voy detrás de una persona: Hillary Clinton”.
Todo esto refleja, como muy bien lo dijo El País, (diario español) “la heterogeneidad del fenómeno Trump. El empresario ganó con holgura en el sur conservador y evangélico de estados como Alabama y Georgia, pero también en regiones norteñas más moderadas como Virginia y Massachusetts”.
Ted Cruz ganó en su propio estado, Texas, lo cual era de esperar, pero salió reforzado con su victoria en Oklahoma, lo que según algunos analistas refuerza la tesis de que él es el único que tiene la capacidad para oponerse a Trump. El caso del senador Marco Rubio, (el mimado del Tea Party) resultó dramático, escasamente ganó el Caucus de Minnesota, lo que reafirma la opinión de algunos de clasificarlo, como un candidato liviano.
En el campo demócrata, las cosas resultaron muy favorables para la señora Clinton.
¡Qué gran martes!, exclamó la señora Clinton en un mitin en Miami al conocer los resultados de los comicios. “América nunca se detendrá en ser grande”. “Nosotros estamos en esto juntos, mis amigos y nosotros todos tenemos que hacer nuestra parte”.
La parte más difícil de la contienda estuvo en Massachusetts, donde el senador Sanders puso mucho esfuerzo y donde muchos liberales comparten sus políticas y su ideología. En ese estado Sanders cuenta con una formidable aliada, la senadora por el estado, Elizabeth Warren (exprofesora de Harvard y especialista en quiebra de bancos), pero la señora Clinton con el apoyo de la clase trabajadora de Boston logró la victoria.
En Texas, donde la población latina es predominante, la señora Clinton dominó la votación, y en los estados del sur seis de cada diez votantes se decantaron por la señora Clinton.
Después de esta elección, el panorama parece aclararse un poco. Todo nos indica que el candidato del Partido Republicano será Donald Trump, por algunos considerado como el candidato que en el fondo proclama la supremacía del hombre blanco.
Jared Taylor, uno de los más conocidos pensadores de esta idea, resume la campaña de Trump de la siguiente manera: “Nosotros no necesitamos árabes. Nosotros necesitamos inteligentes, educados, gente blanca, que pueda asimilar nuestra cultura”.
Algunos lo han querido comparar con Hitler o Mussolini al señor Trump, ideas con las que no concuerdo. Creo que estamos en presencia de un nuevo fenómeno. Un hombre exitoso en sus negocios, que emerge de la clase blanca norteamericana que está seriamente resentida con el establishment, y que con un dominio fabuloso de los medios de comunicación, sin costarle ni un centavo ha logrado hasta ahora, centrar la atención en su persona. Creo que ese fenómeno hay que respetarlo y analizarlo, con cuidado.
Hay que tomar en cuenta otro factor. La ira del sector conservador con ciertas políticas de la actual administración en materia de aborto, y matrimonios del mismo sexo. En ese campo, todas las iglesias están unidas y no debe de extrañarnos su resentimiento.
¿Podrá la señora Clinton, amalgamar la coalición que salga al frente y enfrente este fenómeno? Eso está por verse en los próximos meses.
El autor es abogado.