Carol

“Carol” relata la historia de amor entre dos mujeres en el Nueva York de los años 50s: Thérese (Rooney Mara) es dependienta en una tienda de departamentos; Carol (Cate Blanchett) es una dama de la alta sociedad, divorciándose de Harge (Kyle Chandler).

“Carol” relata la historia de amor entre dos mujeres en el Nueva York de los años 50s: Thérese (Rooney Mara) es dependienta en una tienda de departamentos; Carol (Cate Blanchett) es una dama de la alta sociedad, divorciándose de Harge (Kyle Chandler). La película arranca en el salón de té de un hotel. Por su lenguaje corporal, deducimos que sostienen una conversación muy seria, pero no escuchamos lo que dicen. La película asume el punto de vista de un hombre, amigo de Therese, que interrumpe el momento y la arrastra consigo a una fiesta. Es la primera de muchas disrupciones del privilegio masculino, tan destructivo como casual.

Queda patente la injusticia de un orden social que reprime la homosexualidad, pero la película va más allá, observando con agudeza las maneras en que virtualmente todo está determinado por los deseos de los hombres. Cuando Harge identifica a una conocida como “la esposa de” un colega, Carol replica con su nombre: “¡Jeanette!”. La mujer tiene un nombre, aunque para él, no sea digno de recuerdo. Richard (Jake Lacy), el pretendiente de Thérese, da por descontada su boda, y pierde los estribos cuando ella manifiesta su propia opinión. Y la naturalidad con que el hombre interrumpe la plática, muestra su lugar en este mundo. Le pertenece. En este panorama, la relación amorosa se define como riposta y refugio.

Aún en esa época, existen alternativas. En una tienda de música, Therese se cruza con una pareja abiertamente lésbica. En una fiesta, es abordada por una joven muy segura de sí misma (Carrie Brownstein). El mundo esta cambiando, pero la identidad de Carol esta definida por los parámetros del viejo orden. Haynes desactiva cualquier carga simbólica sobre sus personajes. Son mujeres. Un ser humano especifico y particular, que se ha enamorado de otro ser humano, específico y particular. Sus decisiones están matizadas por una sociedad heteronormativa, pero también por diferencias de edad y clase social. Carol es una “dama que almuerza”, Therese pertenece a la generación “beat”. Quiere ser artista y trabajar en el New York Times. Para ella, las consecuencias de vivir su lesbianismo son menos dramáticas que la pérdida de la custodia de una hija, castigo que pende sobre la cabeza de Carol.

Inspirados en la fotografía de Vivianne Meyer, el director Todd Haynes y el cinematógrafo Ed Lachman usan película de 16 mm, logrando una textura particular, que contribuye a crear la ilusión de que estamos viendo un pasado viviente, misteriosamente desarrollándose ante nuestros ojos. Tomando un recurso visual de su maestro, Douglas Sirk, Haynes arrincona sus personajes con marcos de ventanas y puertas, rejas y umbrales. Aún en la misma habitación, los elementos las separan.

Haynes no es solo un brillante esteticista. Es magnífico con los actores. Es difícil creer que Blanchett aún puede sorprendernos, pero Carol es una creación magnífica.

La actriz revela todos los niveles de personalidad: la persona privada, convertida en otro “yo” en la intimidad, y la carismática dama pública. Mara es una compañera formidable. Therese es una joven en formación, y su proceso de maduración es tan fascinante como el baile de máscaras de Carol. Haynes es un genuino humanista, y extiende compasión incluso a los personajes masculinos. Harge es un agente de represión, pero se nota el daño que causa un amor imposible.

“Carol” está nominada a 6 Óscares de la Academia, pero fue ignorada en las categorías de Mejor Película y Mejor Dirección. Es una de esas injusticias que se vuelven leyenda. Esta es la mejor película del año. Por algún milagro, se ha estrenado en Nicaragua. ¡Véala ya!

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