El proceso electoral se ha iniciado en los Estados Unidos (EE.UU.) Su importancia no tiene que ser ignorada, se trata de la mayor democracia del mundo y del país con el cual Nicaragua tiene su mayor comercio y del que recibe mayor número de plazas de trabajo (las zonas francas). Por consiguiente, lo que pase en ese país debe de interesarnos y si no que lo diga nuestra más reciente historia: véase el impacto que causaron en nuestro país dos expresidentes norteamericanos, Jimmy Carter y Ronald Reagan. Ambos influenciaron nuestra historia.
Hasta el momento, con unas pocas elecciones primarias realizadas en Iowa y New Hampshire, la contienda tiene una característica que la distingue de las anteriores: su atipicidad. Esta es una campaña en donde el “establishment” norteamericano, en ambos partidos, ha sido seriamente cuestionado por alguno de sus candidatos.
En el lado republicano, la figura que ha cautivado a las bases de ese partido usando un lenguaje grosero y racista es el multimillonario Donald Trump, descendiente de alemanes venidos de Kallstadt, pequeña villa en la región del Palatinado, quienes en 1886 arribaron sin ningún recurso económico a Nueva York, aunque en su autobiografía El arte de negociar él lo niegue y afirme que su familia viene de Suecia, pero que logra parecer el portavoz de la clase blanca más golpeada económicamente de ese país.
En el lado demócrata, el fenómeno lo ha venido a constituir el senador por Vermont, Bernie Sanders, quien ha logrado realizar dos hechos impensable hasta hace poco en esa sociedad, como son, primero, poner en jaque y derrotar por más de 20 puntos de ventaja —como fue en el caso de las elecciones en New Hampshire— a la más formidable maquinaria política de ese país que encabeza la señora Hillary Clinton. Y segundo: El presumir de ser “socialista” como también haber sido un antiguo “hippy”, en un país en donde hasta hace unos pocos años (durante el macartismo 1947-1954, fenómeno ocurrido en los EE.UU., después de la Segunda Guerra Mundial), definirse como tal podría haber significado ser acusado y perseguido como desleal a la nación.
Sanders, quien es sumamente atractivo para los jóvenes que ven en él a quien proclama que el “sueño americano” se ha disipado a pesar de que muchos de ellos habiendo alcanzado un título universitario ahora se encuentran ante un destino incierto, dice: “Esta es una economía fraudulenta que funciona para los ricos y poderosos, pero no para los estadounidenses de a pie”.
La clase media que ha sufrido un fenómeno de depauperación y la clase trabajadora que no consigue llenar su presupuesto pese a trabajar horas extras, están llenas de “indignación” y ven en este hombre con sus propuestas de elevar el salario mínimo o la gratuidad en los estudios universitarios, controlar el exceso de las ganancias de los bancos, una esperanza.
El próximo escenario será Carolina del Sur, en donde desde ahora Trump encabeza las encuestas con el 36 por ciento del voto a su favor, bastante alejado de su más cercano rival que es el senador Ted Cruz. En cambio las cosas no están tan fáciles para Sanders, quien ahora cuenta con más dinero venido de sus simpatizantes pero tiene que entrar en territorios no tan cercanos a su vecino estado de Vermont.
Ambos tienen en común su desafío a las estructuras partidarias. En el caso de Trump, la dinastía Bush. Hasta el momento la actuación de Jeb Bush en la campaña ha sido pobre a pesar de tener todo el dinero que desee. En el caso de Sanders tiene ventaja porque la señora Clinton afronta dos grandes problemas. Primero es su credibilidad, el incidente de los correos electrónicos acerca de los cuales mintió. Segundo, ante el joven su imagen es identificada claramente con Wall Street.
De los dos, Trump a mi manera de ver tiene más chance. Era impensable hasta hace poco su victoria, pero al día de hoy la mayoría de comentaristas lo aceptan. El trauma que esto produciría sería enorme, como lo definió en un bello artículo en El País el periodista John Carlin, El Pato Donald para presidente. Este señor ocupando la Casa Blanca sería un dolor para Managua.
El autor es abogado.