Hace algunas semanas en sus acostumbradas columnas dominicales, el jurista Alejandro Serrano escribió un artículo titulado “La ciudadanía como condición de la democracia”, en el cual inicia afirmando, que la situación política que se vive en el país incide no solo sobre el accionar del gobierno, órganos del Estado y agrupaciones políticas, sino también sobre la opinión pública y la actitud que adoptamos la ciudadanía ante esa realidad.
El planteamiento que se acentúa y desarrolla en dicho artículo, es que existe en nuestra sociedad una circunstancia de fondo: “La poca cultura política y la débil estructura que presenta la ciudadanía para poder ser garantía de la democracia, la justicia social y el Estado de Derecho”.
Y por ello enfatiza en el desarrollo del mismo, que los problemas políticos de nuestro país no se circunscriben al vértice político, gubernamental y partidario de la pirámide, sino que tienen su causa más profunda “en la ausencia de una ciudadanía más activa que es la condición para que exista una verdadera democracia”.
Esas consideraciones podemos compartirlas o disentir de ellas, pero sobre todo nos deben servir de reflexión para adoptar posiciones individuales o colectivas que nos dispongan hacia actitudes más preponderantes como ciudadanos, o en su caso, para considerar nuevas formas de conciencia colectiva y acción ciudadana que merezcan ser emuladas y respaldadas.
En relación a esa última opción, considero que en nuestro país existen ejemplos positivos de acciones ciudadanas comprometidas y efectivas que están contribuyendo a la democracia y que deben valorarse y analizarse.
Me refiero a la aparición de organizaciones ciudadanas bajo la forma de entidades gremiales empresariales, que organizadas bajo la figura de Cámaras y Asociaciones y bajo el liderazgo del Cosep, vienen desde hace algunos años desarrollando una agenda institucional y económica debidamente consultada, que está permitiendo —con voluntad política del gobierno— la implementación de políticas públicas de ámbito económico, político y social que han favorecido la estabilidad social y el crecimiento sostenido del país.
Ese modelo nos está mostrando una forma distinta de relacionarse entre el sector público y los ciudadanos organizados en gremios empresariales, pero sobre todo su viabilidad y aceptación ciudadana; situación que contrasta significativamente con lo que pasa en la agenda política, en la cual afirma Serrano “existe una división de criterios significativa, acentuando así la fragmentación y aparición de puntos de vista encontrados”.
Esa acción de ciudadanía goza de reconocimiento y respaldo ciudadano, así lo revela la última encuesta de M & R, en la cual se constata que el 82 por ciento de los encuestados aprueba el diálogo que tiene el sector privado representado en Cosep con el gobierno, y que solo el 2.8 por ciento está en desacuerdo. Y por otro lado el 54.7 por ciento de los encuestados perciba que este esfuerzo de diálogo ha sido para el interés del bienestar de la población.
Estamos en presencia desde la gremialidad empresarial de una ciudadanía “más sólida, consciente y más activa”, que conforme lo que nos expone el doctor Serrano, “hace de la política un derecho y un deber de cada uno y un ejercicio de todos”.
De un modelo surgido de organizaciones ciudadanas por el cual se está rompiendo un círculo vicioso de entender que solamente se pueden resolver los problemas económicos, políticos y sociales por la vía de la “confrontación y la confabulación”.
Lamentablemente, dicha acción ciudadana ha sido y sigue siendo descalificada con falacias, recurriendo inescrupulosamente a “epitafios morales”, al decirse que desde el sector privado se está promoviendo un “Estado corporativo fascista”, hacerse alusión a un “cogobierno” y hablar hasta de “plutocracia”.
Con esta posición —afortunadamente minoritaria—, se olvida que los gremios empresariales tal y como lo sugiere el maestro Serrano, no solo pueden, sino que deben desempeñar un papel preponderante en la consolidación de la democracia y en la búsqueda de la justicia social. Y para que exista la democracia, deben ejercer sus derechos, que son sobre todos sus deberes, en forma plena, lo que implica “una participación con una visión integral y sistémica, en la búsqueda de soluciones a los problemas políticos, económicos y sociales que afectan a la sociedad”.
Lo importante a rescatar es que, con esta forma de iniciativa ciudadana, se están rompiendo paradigmas de cómo incidir en la vida económica, social y política del país, y se está contribuyendo a formar ciudadanía bajo una cultura inédita de diálogo social.
El autor es abogado asesor del Cosep.