Fernando Bárcenas

Una estrategia tonta a dos manos

Hablar de revolución en Venezuela introduce confusión en el análisis político del conflicto de carácter burocrático que se desarrolla en el país.

La contradicción manifiesta es entre el liberalismo retórico de la MUD y el antiliberalismo rudimentario y demagógico del chavismo, que no constituye —ni mucho menos— una antítesis socialista de ningún tipo, o un cambio en las relaciones de producción. El socialismo del siglo XXI es un populismo en crisis, prácticamente agotado, objetiva y subjetivamente.

Más que un triunfo electoral de la oposición empresarial, dado que no obtuvo un incremento significativo de votos a su favor, en Venezuela ha ocurrido que la marea de las masas trabajadores se ha retirado dinámicamente de la costa, y el chavismo —que antes, con los altos precios del petróleo, flotaba en la pleamar— ha quedado sentado en la arena por efecto de la crisis económica, torpemente sorprendido de verse con las piernas desnudas en la orilla.

Para el chavismo, la táctica se reduciría a una guerra civil institucional, mediante el poder judicial, y con argucias constitucionales para restarle efectividad a los resultados electorales legislativos. La emergencia económica sirve de pretexto para crear, mediante decreto, un Consejo burocrático de excepción, sin un plan concreto de transformaciones estructurales para transitar las tormentas… Durante un colapso económico, no es realista que al rendir cuentas en el parlamento, Maduro hable de conquistas.

La crisis objetiva de Venezuela es el carácter rentista de su economía, que depende exclusivamente de la exportación petrolera. En diecisiete años de gobierno chavista no se hizo nada para superar ese estancamiento productivo, creado históricamente —es cierto— por la clase empresarial rentista (que por corrupción acaparaba en propio beneficio parasitario la renta petrolera).

Ahora, la dependencia de Venezuela se agrava con la importación creciente de productos básicos de consumo (la exportación de bienes no-petroleros cayó del 37 por ciento, en 1998, al 5 por ciento en 2010). La debilidad estructural desatendida se transformaría en una crisis mortal, a medida que el precio internacional del petróleo se acerca —a 10 dólares de distancia— al umbral de los costos productivos del crudo venezolano, de 19 dólares el barril. Además, el volumen de la producción petrolera cayó 20 por ciento en los últimos diez años: pasó de 3 millones 340 barriles diarios, en 2004, a 2 millones 660 barriles diarios en 2015.

Ambos factores (la menor producción y la caída del precio del petróleo) generarían una pérdida de ingresos para Venezuela, de 194,000 millones de dólares anuales. Consecuentemente, el PIB cayó 10 por ciento en 2015 (bajó 4 por ciento en 2014, y se proyecta una disminución de 6 por ciento para 2016). Ocho millones de personas son pobres.

La MUD, de ideología ecléctica, compuesta por 18 partidos distintos, elude los temas torales de la crisis económica, para no dividirse. Ese consenso superficial, restringido al ámbito de formalidad jurídica, implica obviar un plan de acción para resolver los problemas sociales apremiantes, mientras se deterioran dramáticamente las condiciones de existencia de las masas.

En su primera comparecencia, el 5 de enero, la MUD, representada en el parlamento por Henry Ramos Allup, esbozó un programa ideológicamente bravucón, una guerra civil con instituciones deformadas partidariamente. Limitándose a señalar como orden del día la salida inmediata de Maduro del poder, posiblemente, recurriendo al referendo revocatorio, a mediados de 2016.

Parece no haber comprendido que su victoria se debió, más que a un cambio real en la correlación de fuerzas en torno a la democracia formal, a que la población abandonó a Maduro por su incompetencia para enfrentar y resolver la escasez de alimentos, la corrupción, la ineficacia productiva, el desempleo, el desabastecimiento de productos de primera necesidad, la enorme inflación del 213.2 por ciento (actualmente, la más alta del mundo), y la inseguridad ciudadana.

La tasa de cambio de la moneda sufrió, por su cuenta, un alza del 621 por ciento, con el deterioro consecuente del poder adquisitivo de la población. El Bolívar vale el 1 por ciento de su valor nominal.

La confrontación burocrática entre la MUD y el chavismo amenaza desarrollarse violentamente, de espaldas a las expectativas de las masas, como un aislado conflicto institucional partidario, pero, en un contexto indetenible de creciente crisis social objetiva.

El autor es ingeniero eléctrico

Opinión chavismo Henry Ramos Allup MUD Venezuela archivo

COMENTARIOS

  1. Carlos(cm)
    Hace 11 años

    Brillante exposicion Ing. Barcenas, de acuerdo con Ud. plenamente, con ligeras diferencias es el camino por el q va el sandinismo del siglo xix(orteguismo), donde se regocijan de decir q el pais ha ido creciendo economicante de manera constante un 4%, pero sabemos q este crecimiento beneficia casi en su totalidad al gran capital aliado del orteguismo, el nuevo capital orteguista y el capital no orteguista, mientras el pueblo se debate en el subempleo donde apenas subsiste en la informalidad por no haber empleo lo q el llamado «combate a la pobreza» es la otra gran mentira del regimen para justificar sus abusos y enriquecimiento ilicito.

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