Acuerdo social, elecciones y estabilidad democrática

El acontecimiento político más importante de este año en Nicaragua es la elección de noviembre, pues el acto electoral es la expresión más significativa del ejercicio de la democracia representativa.

El acontecimiento político más importante de este año en Nicaragua es la elección de noviembre, pues el acto electoral es la expresión más significativa del ejercicio de la democracia representativa, y la forma por medio de la cual la voluntad colectiva decide acerca de las personas que deben ejercer la función de gobierno.

Por tal razón, el proceso electoral debe estar caracterizado por la honestidad y transparencia, circunstancias estas que siendo necesarias en cualquier país en el que se realice, adquieren en Nicaragua un carácter de condición imprescindible y dramática, tomando en consideración el cuestionamiento hecho a procesos electorales anteriores.

De su limpieza y honestidad depende la estabilidad, sensiblemente afectada por la forma en que se han realizado elecciones anteriores, particularmente las pasadas del año 2011, denunciadas por la oposición y diferentes sectores de la sociedad civil.

Es este un punto de tanta sensibilidad que actualmente el país se encuentra dividido entre aquellos partidos políticos y sectores de la sociedad que sostienen que no se debe participar en las elecciones si no hay un cambio del Consejo Supremo Electoral (CSE) y una reforma del sistema electoral mismo, y que abogan además por la observación nacional e internacional, y aquellos otros que sostienen que cualquiera que sea la circunstancia debe participarse en las elecciones y luchar por una votación masiva y una defensa del voto que implique, en caso de fraude, el levantamiento en protesta de la sociedad que reclama el respeto a uno de sus derechos fundamentales.

Como puede apreciarse la realización de elecciones honestas y transparentes es un factor fundamental a la estabilidad nacional, pues un fraude electoral desencadenaría una situación de violencia y confrontación que nadie quiere que se produzca.

Si se realizan elecciones de dudosa honestidad, la situación será siempre muy delicada, sea que hubiesen participado todos los sectores políticos o una parte de ellos, pues una situación semejante conduciría lamentablemente a la confrontación.

Lo deseable sería la participación de todos en un proceso con garantías suficientes que incluyeran la reestructuración del CSE, la reforma del Sistema Electoral para establecer las condiciones necesarias de un proceso éticamente incuestionable y técnicamente satisfactorio, y la observación nacional e internacional, como garantía suficiente de su transparencia y honestidad.

Es evidente, en consecuencia, la importancia enorme que las elecciones de este año tienen para Nicaragua. No obstante, una visión estratégica del quehacer político, nos indica que más allá de las elecciones, cuya importancia es indiscutible, está la necesidad de un acuerdo social, de un proyecto de nación, de una propuesta de país, sobre bases políticas, institucionales, económicas, sociales y educativas, que deben trascender gobiernos y ser una plataforma y marco de referencia para propiciar certidumbre, estabilidad, democracia y desarrollo sostenible.

Esto, además de la necesaria estabilidad, debe conducir a una cultura política que sea la base de ese acuerdo o contrato social, que unifique los criterios fundamentales de la ciudadanía, la clase política y los sectores de gobierno, sobre los aspectos señalados anteriormente.

Un nuevo contrato social en el que se definan los roles y funciones del Estado, el mercado, la sociedad civil, lo político y lo económico. Que se formulen y apliquen políticas concertadas y de consenso en las estrategias económicas y sociales, priorizando a la pequeña y la mediana empresa. Que se ponga en práctica un programa de integración nacional que reduzca las enormes desigualdades sociales y que vincule al Estado con la ciudadanía, superando el cuadro de desconexión y autarquía que presentan actualmente.

Esto exigiría una reforma del Estado no solo instrumental, sino sustancial, que lo lleve a ser la expresión más organizada de la comunidad nacional, como factor principal de concertación y consenso, y a superar, consecuentemente, la fragmentación con la propia ciudadanía que es origen y razón de su existencia.

A partir de esos procesos de integración nacional deberían desarrollarse, en forma simultánea o sucesiva, procesos de integración subregional y regional, que permitan alcanzar una racionalidad internacional, formada por la interacción de los componentes nacionales, subregionales y regionales y no por la generalización de un modelo único y homogéneo que destruye la cultura y erosiona la identidad.

El sentido de país se pierde, y eso está ocurriendo entre nosotros, cuando cada uno de los sectores que lo integran, confunde la parte con el todo y asume que su compartimiento, partido, gremio o asociación, es el único y exclusivo representante de los intereses nacionales. El debilitamiento del cuerpo social en Nicaragua, se evidencia a través de tres manifestaciones principales: la fragmentación, la incomunicación, y la abstención o falta de participación de la mayoría de los componentes de la sociedad civil en la búsqueda de soluciones a los problemas que padecemos.

Los intereses personales por encima de los intereses nacionales, la intolerancia como conducta política, la poca atención a los graves problemas de nuestro pueblo debida, en parte, a la exclusiva concentración en la búsqueda del poder o de cuotas del mismo, son, entre otros, algunos de los comportamientos que han contribuido a acentuar la crisis nicaragüense.

Es necesario propiciar una actitud tolerante que permita avanzar en las siguientes etapas de la reconstrucción integral de Nicaragua, lo que exige una búsqueda de valores que den sentido a nuestra existencia histórica. Debemos ser capaces de encontrar un plano de coincidencias mínimas, aún y cuando nuestras diferencias existan, o quizás precisamente por eso. El hecho de ser diferentes y pensar distinto no es una justificación para que moralmente nos destruyamos todos los días.

Hay que superar la ruptura entre la teoría y la práctica de la democracia que prevalece en nuestro medio, recuperar el sentido de la representación y fortalecer el de la participación, pues ambas constituyen el núcleo de la democracia.

En nuestro sistema el principio de la representación está severamente debilitado, ya que ha cambiado de naturaleza y de dirección pues no va de abajo hacia arriba, como debería ser, sino por el contrario va de arriba hacia abajo, aunque formalmente se mantenga como referencia retórica en los textos constitucionales, la tesis de la soberanía popular y del poder como representación de los intereses y la voluntad del pueblo.

Es imprescindible construir y fortalecer en nuestro medio la idea de la democracia a partir de tres criterios claves: descentralización, participación y concertación, mediante los cuales se proponga una nueva visión del Estado, el mercado y la sociedad civil. Una visión estratégica, una propuesta de país o proyecto de nación, son necesarios para construir sobre la base de un acuerdo nacional, una sociedad coherente y estable, en la que la política sea el ejercicio de todos, un derecho y un deber de la sociedad y un compromiso ciudadano.

El autor es jurista y filósofo nicaragüense.

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COMENTARIOS

  1. Ivan Algaba
    Hace 10 años

    No puede haber cambios sin la erradicación del orteguismo, y para erradicarlo, hace falta deponer intereses partidarios para formar una coalición. Cualquier pretensión de ir a las elecciones como partidos, solo garantiza la perpetuación del orteguismo. En primer lugar, ninguno de los posibles candidatos tiene suficiente arrastre porque el pueblo tiene sus dudas sobre sus intenciones; en segundo lugar, eso es lo que Ortega quiere: dividir el voto! Por el contrario, ir a las elecciones en bloque disiparía las dudas, inspiraría a la UNIDAD. El resultado sería una junta gubernamental con representación de todos los sectores.

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