Los grandes ligas nicas J.C. Ramírez, Marvin Benard y Erasmo Ramírez, junto a Ofilio Castro y Mario Holmann. LA PRENSA/ JADER FLORES

Grandes ligas nicas engalanaron la Final de la Liga Profesional

Los grandes ligas Marvin Benard, Juan Carlos Ramírez y Erasmo Ramírez, fueron los protagonistas del lanzamiento de la primera bola del segundo partido de la Serie Final de la Liga de Beisbol Profesional Nacional (LBPN).

¿Qué más podían pedir los aficionados rivenses? ¿Ganar el primer juego? Su equipo lo hizo ¿formar un equipo temible? Lo crearon ¿tener entradas accesibles? Las tuvieron a menos de 100 córdobas anoche en el Yamil Ríos Ugarte. Sin embargo, la directiva tenía un as bajo la manga. Lograron converger a los Grandes Ligas: Erasmo Ramírez, Juan Carlos Ramírez y Marvin Benard, un deleite para el público que los asfixiaron con fotografías y autógrafos, mientras preparaban las gargantas para el desafío.

Hubo en el acto previo al partido, en realidad fue una constelación de estrellas. Erasmo Ramírez lanzó la primera bola, Marvin Benard tomó posesión en el cajón de bateo y Mario Holmann estuvo en la receptoría, entretanto Juan Carlos esperaba hacer el relevo en el segundo lanzamiento. “No hay manera de no sentir emoción al estar en el terreno frente a mi ciudad”, indicó Erasmo. “Me gusta la alegría del público, pero más me hubiera gustado haber jugado”, señaló Juan Carlos y por su parte Benard agrego: “Que bonito como se vive el beisbol en nuestro país, se mantiene la emoción”.

No hay discusión que el duelo fue solamente de una cara, y mejor aún para los rivenses, se inclinó hacia ellos, que vibraron con cada momento emotivo como el jonrón de Rubén Mateo, quien envió la pelota a lo lejos y cuando caminaba disfrutando su estocada, el público gritó a la locura, se estremeció y pareció como si en un acto imaginario el ex Big Leaguer era acompañado por la afición hasta tocar el home plate.

Asimismo, la euforia que provoca Ramón Flores lo convirtió en el gran animador de los sureños, cuando tenía dos abordo y conectó el imparable a Jorge Bucardo nuevamente el estadio quedó pequeño, las 5,000 voces calculadas en el coloso estuvieron como una discomóvil constante.

Anoche en Rivas el sistema nervioso de las tribunas no palpitó por un ataque cardiaco, sino que bombeó alegría por la seguridad de la victoria, tocaron a los semidioses que compartieron con su público y sobre todo: un pueblo se acercó a tener su segundo campeonato profesional.

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