Existe en la actualidad un riguroso debate respecto a la definición de un único tipo de orden mundial que abarque todas las características del Sistema Internacional vigente, pues a diferencia de los períodos posteriores a las Guerras Mundiales, donde dominó un sistema multipolar liderado por las potencias vencedoras, dar un nombre al sistema actual resulta mucho más complejo.
Generalmente, se dice que continúa predominando un sistema multipolar por la diversidad de actores y bloques regionales que participan en la toma de decisiones reconociendo el rol determinante de los Estados Unidos (EE. UU.) en la composición del sistema; sin embargo, es parte del debate también la teoría propuesta por el diplomático estadounidense Richard Haas sobre la “no polaridad”, es decir la inexistencia de polos de poder sino más bien de muchos más centros de poder capaces de hacer andar a la política, la diplomacia y la economía mundial según los intereses por ellos promulgados o buscados, actores que no necesariamente son Estados.
Y es que efectivamente, el orden mundial de nuestra era no puede ser denominado multipolar, pues este concepto ya no basta para la extraordinaria cantidad de actores que participan en la toma de decisiones, refiriéndose específicamente a la existencia de potencias regionales que trasladan a un segundo plano el rol que históricamente habían tenido las grandes potencias “vencedoras de las guerras” en el mundo.
En este grupo de potencias regionales, se incluyen Brasil, India, Irán, entre algunas otras. Pero además, existen ahora otros actores no estatales como empresas transnacionales que en un mundo altamente globalizado se han vuelto una clara fuente de poder por ser parte del flujo de capitales estratosféricos e incluso por el dominio de mercados nacionales de muchos países del mundo. En esta lista de actores se incluyen también las organizaciones internacionales de control financiero como el Banco Mundial y las organizaciones internacionales que limitan de cierta manera los ejes de acción de los Estados a través del Derecho Internacional Público.
Se adhieren también a la no polaridad los movimientos religiosos, grupos terroristas, carteles de droga y grupos de crimen organizado que han puesto en evidencia la dificultad de los Estados para controlar los flujos transfronterizos, donde la realización de acontecimientos ilícitos cometidos por estas agrupaciones no son muchas veces ni siquiera del conocimiento de los gobiernos de turno.
Y es que la teoría de la no polaridad se refleja en algunos hitos históricos ocurridos en los últimos cinco años como las negociaciones de Irán con EE. UU. (algo absolutamente impensable hace tan solo una década atrás), el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre EE. UU. y Cuba y los procesos de negociación de la paz entre las FARC y el gobierno colombiano, en los cuales las organizaciones de la sociedad civil y medios de comunicación han tenido un papel determinante.
Tal como expresó la escritora y especialista en relaciones internacionales Jessica Mathews: “El fin de la Guerra Fría no ha traído únicamente ajustes entre los Estados, sino una novedosa redistribución del poder entre los Estados, los mercados y la sociedad civil”.
La autora es licenciada en Diplomacia y Relaciones Internacionales.