Francisco Javier Gutiérrez

Venezuela frente al conjuro chavista

Los resultados electorales del chavismo no fueron tan malos, si consideramos que recibió cinco millones y medio de votos, con un país colapsado económicamente. El adoctrinamiento comunista provoca el encefalograma plano. El muro de Berlín cayó en 1989, pero no las ideas que lo erigieron. Rusia es una Unión Soviética encogida con otro “zar rojo”: Putin. El pueblo chavista cree que sus vidas son insignificantes, frente a la trascendencia histórica de una revolución que consideran eterna.

Con ese apoyo Nicolás Maduro lanza su rapiña legal, para retener el Tribunal Supremo, anular diputados electos e instalar una asamblea paralela espuria. Para Diosdado Cabello, “la confrontación es inevitable”. Del otro lado, los líderes de la MUD dicen que la revolución no entendió los resultados electorales, pero al parecer, ellos tampoco entienden la revolución. Con sus deseos de paz, soslayan una dura realidad: la naturaleza criminal del régimen bolivariano.

Un gobierno narcotraficante, que dilapidó 1.2 billones de dólares y masacró sin titubeos las protestas cívicas del 2014. Históricamente el comunismo arruina la economía y desprecia la vida. La lucha revolucionaria incluye el sacrificio del pueblo. El holocausto comunista soviético sigue esperando su Núremberg. Pero mientras la vida política y cultural de Occidente continúe dominada por “intelectuales progresistas”, acomplejados frente al marxismo, los horrores del comunismo europeo no se expondrán masivamente.

Bajo La Internacional, se han cometido mucho más crímenes que bajo el himno estadounidense. Pero solo The Stars Spangled Banner tiene una versión apocalíptica. La libertad del virtuoso Jimmy Hendrix para musicalizar su himno bélicamente, es la misma de Oliver Stone para hacer películas anticapitalistas. ¿Pero qué tal si ambos nacen en la URSS? Hendrix hubiera terminado en un gulag, por agregar un horrendo feedback al himno del proletariado y Stone le hubiera acompañado, por intentar realizar un documental sobre el hecho.

No existe un rechazo popular contra el comunismo, porque no hay un conocimiento colectivo de sus crímenes. Stalin asesinó más gente que Hitler, pero las cámaras no filmaron los gulag, solo los campos de exterminio nazis. La revolución rusa dejó 20 millones de muertos. Según Olga Shatunovskaya, la primera disidente en llamar asesino a Stalin, entre 1934 y 1941, fueron ejecutadas siete millones de personas. Dirigentes como Molotov o Kaganovich —aún vivos a inicios del sesenta— no fueron procesados, a pesar que firmaron 38,679 penas de muerte.

La revolución cubana lleva más de medio siglo de éxodo, terror y luto. Cuba Archive recopila más de 10,000 asesinatos y más de 77,000 balseros ahogados. Raúl Castro en 2010, hizo una ingrata recordación: “Este país jamás será doblegado, prefiere desaparecer como lo demostramos en 1962”. Aludía a la estupidez de la superioridad nuclear, cuando él y Fidel estaban decididos a usar los misiles rusos.

“Sin una juventud dispuesta al sacrificio no hay revolución”. Rezaba una emblemática consigna de la revolución sandinista. Se estima que unos 50,000 jóvenes fueron inmolados en el altar de la ortodoxia comunista. Al régimen bolivariano hoy tampoco le interesa la paz. Probablemente la negocien después del caos. Cuando, como los sandinistas en 1990, vean amenazados los privilegios que la corrupción les brindó.

El giro democrático de Macri en Argentina y la reivindicación de la OEA que impulsa Almagro, bien podrían servir de punta de lanza, para que finalmente la “comunidad internacional”, contribuya efectivamente a desactivar la bomba que hoy es Venezuela. Sería muy triste que el marxismo-leninismo tiñera con sangre de hermanos otra bandera latinoamericana.
El autor es psicólogo.

COMENTARIOS

  1. manolo
    Hace 11 años

    De acuerdo con el artículo. Yo agregaría que en estas actuaciones de los «revolucionarios», están atravesando una crisis muy seria, que es la longevidad y cenilidad. Los muchachos revolucionarios de algunas décadas atrás ahora son un montón de longevos conservadores donde las nuevas ideas y métodos de lucha están desgastados y atrasados. Lo primario para estos «revolucionarios» es conservar su estatus quo. La pérdida de un ápice de poder los vuelve locos y los torna más peligrosos. Siento pena por los venezolanos en esta crisis. Espero que se imponga la razón y no el fanatismo «revolucionario» caduco y obsoleto.

  2. robert velez
    Hace 11 años

    Buenos días Sr. Gutierrez muy elocuente su columna, pero por favor no se refiera estos individuos como régimen bolivariano, que no se siga ensuciando el nombre del Libertador por favor.

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