CARTAS DE AMOR A NICARAGUA
Querida Nicaragua: Los problemas limítrofes existirán siempre entre nuestras pequeñas naciones centroamericanas; y van a existir porque además de que en nosotros sobra la avaricia, no tenemos el don del entendimiento con el vecino. Al menos nosotros los nicaragüenses, con una historia donde sobresalen los gobiernos dictatoriales de todos los colores, poquísimas veces hemos demostrado un genuino afán de arreglar problemas limítrofes o de otra índole en beneficio de una paz duradera. Y digo poquísimas veces porque estoy recordando el Tratado Jerez Cañas, suscrito el 15 de abril de 1858 en el que Nicaragua y Costa Rica definen o delimitan su frontera en el sur de nuestro país. Mal que bien los dos países arreglaron sus diferencias por la vía del diálogo luego del apoyo decidido que Costa Rica le prestó a Nicaragua en la lucha contra William Walker en la Guerra Nacional.
Los pueblos de Nicaragua y Costa Rica han tenido siempre relaciones de buena vecindad. En los tiempos del “abominable” Somoza venían centenares de ticos a trabajar en los florecientes algodonales y cafetales, era lo contrario de ahora cuando miles de nicas buscan un mejor destino en Costa Rica. De aquellos lejanos tiempos recuerdo un incidente entre el presidente José Figueres Ferrer y el general Anastasio Somoza García. Solo habían emisoras en onda corta y en la Radio Reloj de Costa Rica Figueres le llamó a Somoza “gánster de la política internacional”. Somoza respondió retándolo a un duelo en Peñas Blancas. Las relaciones estaban demasiado tensas entre los dos países. Fue entonces cuando el presidente Eisenhower de los Estados Unidos le vendió a Figueres tres avioncitos de guerra por el precio de un dólar cada uno. Con eso tuvo Somoza para sosegarse.
Pero volviendo a los problemas de ahora, creo que las relaciones con Costa Rica están verdaderamente frías y eso no favorece a ninguno de los dos países.
El asunto de los migrantes cubanos ha enervado más aún los conflictos tico-nicas. Todos sabemos que hay ahí un trasfondo político insalvable. Los migrantes son cubanos adversarios de los Castro, han salido de Cuba huyendo de un sistema opresor y buscando la libertad que les permita desarrollar sus talentos sin que nadie los persiga. Obviamente el gobierno “socialista” de don Daniel no simpatiza con ellos. Otro gallo les cantara si fuesen camaradas, socialistas, ideológicamente afines al gobierno nicaragüense. Entonces no solo los dejarían transitar por el país sino que los instalarían en casas de seguridad y en campamentos confortables.
La cristiandad y la solidaridad de que hace gala el gobierno de don Daniel no se manifiesta frente a pobres gentes que buscan una manera de continuar su camino hacia la libertad. Para gobernar una nación hay que tener algo de humildad y mucho sosiego, cabeza fría y corazón limpio.
Ningún problema tiene solución cuando a un mandatario lo domina la pasión ideológica o partidaria. El asunto de los migrantes tiene un carácter eminentemente humanitario y como tal debe tratarse. Es un contrasentido ser solidario con migrantes del otro lado del mundo, lo cual es muy loable, y no serlo con quienes son vecinos nuestros y comparten con nosotros las mismas tierras, costumbres, idioma, religión y tradiciones cristianas.
Costa Rica nos está ganando una nueva batalla, la batalla de la solidaridad y el amor al prójimo convocando al Sistema de Integración Centroamericana, (SICA), cuyos resultados han sido negativos por la tozudez de los representantes de Nicaragua en ese organismo regional.
Sin embargo, nunca es demasiado tarde para producir soluciones que vayan en beneficio de todos. Un poco de reflexión por parte de nuestras autoridades podría prestigiar al gobierno y demostrar que somos una nación solidaria y de brazos abiertos para todos. Costa Rica nos ha ganado en el asunto territorial, hagamos que no nos gane en generosidad, en solidaridad y en amor al prójimo.
El autor es gerente de Radio Corporación y Excandidato a la presidencia de la República en 2011.