La nueva entrega en la saga de la Guerra de las Galaxias llega aupada por una ola de anticipación y publicidad. Comercio y nostalgia entran en combustión. El Despertar de la Fuerza es, simplemente, demasiado grande para fracasar.
El director JJ Abrams fue designado por los estudios Disney para reavivar la franquicia. Su propuesta es una especie de refutación a la barroca telenovela que George Lucas delineó en la trilogía compuesta por La Amenaza Fantasma (1999), La Guerra de los Clones (2002) y La Venganza del Sith (2005). Abrams vuelve a las bases. Invoca el espíritu, e incluso la forma, de Una Nueva Esperanza (1977), el origen de este fenómeno cinematográfico que se resiste a morir. Esta es su principal virtud, y su mayor defecto.
Si no quiere “spoilers” deje de leer y regrese después de ver la película. El prólogo nos ubica 30 años después de la caída del imperio, es decir, los acontecimientos relatados en El Retorno del Jedi (1983). Una Nueva Orden revive al lado oscuro, bajo el comando del Líder Supremo Snoke (Andy Serkis). Su lugarteniente más poderoso es Kylo Ren (Adam Driver). Aunque el parlamento intergaláctico mantiene el orden, el lado bueno de la fuerza es débil. Los caballeros Jedi han desaparecido, incluyendo a Luke Skywalker. Encontrarlo, supone un avance estratégico para ambos bandos. Poe Dameron (Oscar Issacs) es un intrépido piloto de la resistencia, encargado de conseguir un mapa que revela su ubicación. La misión se cruza con el destino de Rey (Daisy Ridley), una huérfana chatarrera en un planeta perdido; y Finn (John Bodega), soldado del lado oscuro con una crisis de conciencia. Personajes favorito de antaño figuran en la trama: el héroe renuente Han Solo (Harrison Ford), la princesa Leia (Carrie Fisher), Chewbacca (Peter Mathew) y C3PO (Anthony Daniels).
La estrategia de Abrams funciona a la perfección en el plano visual. El Despertar de la Fuerza se siente como una prolongación natural del universo de la Guerra de las Galaxias. Tome nota de como el director de fotografía Daniel Mindel remarca el sentido de escala de los paisajes y las naves descomunales, empequeñeciendo a los personajes y remarcando su vulnerabilidad. La puesta en escena es limpia y dinámica. La música de John Williams emula la melodía original en momentos claves.
Y la presencia de los actores de la vieja guardia infunde un tono de gravedad en la aventura: el paso del tiempo se vuelve un elemento dramático que matiza la historia con inesperada pesadumbre.
Pero el arco narrativo le debe demasiado al pasado. Los conflictos y relaciones entre los personajes duplican dinámicas del filme original. Kylo Ren es como un nuevo Vader, Rey un nuevo Luke, Poe un nuevo Han, el mapa perdido es como el mensaje de Leia a Obi One, oculto en un androide —el simpático BB8 en vez de RD2D—. La ominosa nave Estrella de la Muerte, ahora se maximiza como un gigantesco planeta híbrido. A medida que los paralelismos se hacen patentes, se afloja la tensión dramática.
El Despertar de la Fuerza es una reformulación de “Una Nueva Esperanza”. Dudo que el carácter cíclico de la historia, y la repetición de traumas y patologías a través de generaciones en una familia, sean materia principal de las preocupaciones de Abrams y Disney. Lo que quieren es un producto familiar, con suficientes características nuevas como para que sea pertinente su reventa. Y que funcione como distracción y motor de comercio. Misión cumplida. En los próximos años, vienen dos secuelas y franquicias paralelas. Marvel debe estar preocupado.