Edmundo Jarquín

Ofuscación de Ortega, reveses de Nicaragua

Ortega pareciera tener dos resortes emocionales que se le disparan automáticamente, y cuando eso ocurre, los reveses y por tanto los costos, son de toda Nicaragua.

Uno de esos resortes es el anti-tico, el otro es anti-occidente, focalizado en los Estados Unidos. El denominador común de ambos resortes es el rechazo a los grandes paradigmas políticos-económicos de la cultura occidental contemporánea: la democracia liberal representativa, y la economía de mercado. Resulta que ambos países, Costa Rica en las costillas de Nicaragua, y Estados Unidos como la principal potencia mundial democrática, son países que con todo y sus defectos resultan emblemáticos de lo que Ortega emocionalmente rechaza.

Cuando esos resortes emocionales se disparan, Ortega se ofusca y los frenos racionales del cálculo y la estrategia política (porque en la intimidad racional también detesta a la democracia y la economía de mercado), dejan de funcionar.

Es lo que ocurrió en el reciente diferendo limítrofe con Costa Rica, que fue fallado adversamente para Nicaragua por la Corte Internacional de Justicia (CIJ), aunque, afortunadamente, por la naturaleza muy acotada de la disputa, los derechos fundamentales de Nicaragua sobre el río San Juan han quedado a salvo.

Pero también, hace una semana, en París se alcanzó un trascendental acuerdo mundial sobre el cambio climático, y el gobierno de Ortega fue de los poquísimos, menos de una docena, que se opuso, entre casi dos centenares de países respaldaron ese acuerdo.

Los dos principales argumentos que utilizó el gobierno de Ortega para no respaldar el acuerdo revelan ignorancia, el funcionamiento del resorte emocional anti-occidente, y menosprecio por los intereses más inmediatos de la inmensa mayoría de nicaragüenses.

La delegación de Ortega dijo que el procedimiento para alcanzar el acuerdo no había sido democrático. En efecto, el acuerdo fue resultado de intensas y complejas negociaciones, acercando y balanceando intereses, estrechando diferencias, sin que ninguna de las partes pudiera alcanzar el máximo de sus aspiraciones. Todos los especialistas en política y derecho internacional saben, porque es parte del ABC de las relaciones internacionales, que es la única posibilidad de alcanzar acuerdos vinculantes jurídicamente en el marco de las Naciones Unidas. La alternativa, que sería la votación, no permite alcanzar acuerdos vinculantes, como tantas declaraciones (por ejemplo, las relacionadas con el embargo a Cuba, o las del pueblo Saharaui, y muchas más), que tienen valor moral y político, pero ninguna consecuencia jurídica. Resulta sarcástico que Ortega, quien niega los votos a los nicaragüenses donde sí tendrían consecuencia, los reclame en Naciones Unidas, donde no la tienen.

El segundo argumento fue demandar compensaciones irreales a los países desarrollados que son los principales responsables, con sus emisiones de gases de efecto invernadero, del cambio climático. Desde luego que es legítimo demandar, como lo hicieron la gran mayoría de países que respaldaron el acuerdo, financiamiento para ayudar a los países que más lo sufren a mitigar sus consecuencias, o bien para apoyar los esfuerzos de la Coalición de Naciones con Bosques Tropicales (de la cual, afortunadamente, forma parte Nicaragua), porque la reforestación ayudará a ensanchar los “sumideros” de los dañinos gases.

Sin duda que la revolución industrial, tan íntimamente vinculada a la economía de mercado y la democracia que Ortega rechaza, ha tenido costos, entre ellos el calentamiento global, pero sus beneficios han más que compensado esos costos. En un libro sobre el futuro, El Mundo en 2050, uno de sus autores señala: “Fueron necesarios doscientos cincuenta mil años para que la población mundial alcanzara los mil millones de habitantes, hacia 1800. Pero para sumar sus últimos mil millones, la humanidad necesitó solo una docena de años”.

La posición del gobierno de Ortega solamente se explica por el funcionamiento del resorte emocional anti-occidente. ¿Qué quiere Ortega? ¿Igual que Morales en Bolivia, que volvamos a los niveles tecnológicos previos a la revolución industrial, con taparrabos?

Finalmente, los mayores costos ambientales inmediatos de nuestra población dependen de la depredación de bosques, contaminación de fuentes y acumulación de basura.

Los resortes emocionales de Ortega le llevan a desvaríos geopolíticos, mientras no se ocupa, sino que aumenta, esos problemas inmediatos de los nicaragüenses.

El autor fue candidato a la vicepresidencia de la república.

COMENTARIOS

  1. elhombredelamancha
    Hace 11 años

    Hablando en pasta: Es hora del volver al Estado de Derecho.

  2. Hace 11 años

    Antes de defender intereses extrangeros se deben defender los propios, primero deberian de estar los intereses de Nicaragua, los intereses del Ciudadano, oir que es lo que el pueblo reclama, pero que podriamos argumentar sobre problemas que los interesados economicos han causado a nuestros bosques y rios?, si estamos mas interesados por el levantamiento del embargo a Cuba.

  3. Escaliche
    Hace 11 años

    Señor Ofuscado la principal potencia económica del planeta (E.U) no acepto en 1986 el fallo salomónico de la Haya, lo mismo la potencia latinoamericano de la democracia ( Colombia) tampoco ha aceptado el fallo de la Corte de la Haya, estos dos fallos a beneficiados a Nicaragua.EL Presidente Daniel Ortega ha dicho que aceptara el resultado de esa corte mundial,es comprensible tu comentario al respecto ,pero pareciera que estas en el planeta Pluton,siempre defendiendo lo indefendible,añorando siempre la calidad de peón que fuiste de los organismo financieros mundiales.

  4. Alberto
    Hace 11 años

    Ni este ni los gobiernos anteriores han sido serios en la protección de nuestro ambiente y nuestra gente. El capitalismo salvaje depredador que se despliega en contubernio con otros millonarios acaudalados es evidente en las afectaciones y enfermedades que sufre la gente en los alrededores de los ingenios de azúcar, solamente para poner un ejemplo. Los de Ortega son tapazos igualitos a los de Chávez que nunca hizo nada serio para evitar la contaminación petrolera en su país pero le encantaba acusar al imperio por el problema ambiental. En la medida en que la cuerda de payasos siga mandando continuaremos en la misma.

  5. Manuel Saavedra M
    Hace 11 años

    Ortega se centra indistintamente en objetivos o medios. Hace del COSEP y de la Iglesia sus medios y del NO a las elecciones un objetivo por su permanencia. Independiente de su psicología, ante los ticos ninguna estrategia funciona menos ante sentencias prefabricadas de la CIJ sin juicio ni lógica, enmascarándose en el equívoco de nuestros abogados.
    En París, primero no usó la guatusa y luego demandó compensación; lógico, ante el mundo se convirtió en demócrata de hecho y reclamó derechos.

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