AZÚCAR NEGRA
Ahora he visto que la azúcar negra o morena se ha puesto de moda por las ventajas para la salud que tendría contra la blanca refinada y el mejor sabor que algunos dicen encontrar en ella. Esto me hace recordar los años 80, cuando el gobierno sandinista comenzó a distribuir solo esta azúcar negra en los comisariatos que dispuso para la entrega racionada de víveres. La gente se quejaba furiosa por esa azúcar, y parecía un contrasentido porque efectivamente la azúcar negra no es peor que la refinada y sí está bien valorada por los nutricionistas y las más exigentes cocinas del mundo. Lo que muchos no lográbamos entender en ese entonces es que la gente no estaba peleando por la calidad de una u otra azúcar, sino que en el fondo estaba reclamando su derecho a usar la azúcar que le dé la gana y no la que le digan que debe usar. Es de libertad que se hablaba. Y no descifrar ese sentimiento ha sido, en muchas ocasiones, la diferencia entre la vigencia o la caída de un gobierno.
MIL AÑOS
Lo que sucedió el pasado domingo en Venezuela debería dejarnos lecciones a todos. Al primero, por supuesto, Daniel Ortega. Lo que debería darse cuenta Daniel Ortega es que ya no hay lugar en el mundo para regímenes o dinastías de mil años. Hoy estás y mañana no estás. Y que diseñar ejércitos, policías y leyes para reprimir el descontento de la ciudadanía y el reclamo de los opositores es solo preparar el garrote que luego podría usarse en su contra. Y debe entender también que quienes hoy le vitorean por todo lo que les reparte con dinero ajeno, son los mismos que mañana le darán la patada por todo lo que les quite, prebendas incluidas.
BLACK FRIDAY
Hay lecciones para la oposición. Antes que se pongan a sacar cuentas de la lechera deben recordar que ni ellos son como la oposición venezolana, ni Ortega es como Maduro. Déjenme explicarme con un ejemplo. Supongamos que estos opositores logran vencer sus propias taras y los mil obstáculos que les han puesto y ganan unas elecciones parlamentarias como los venezolanos. Tan pronto lleguen a la Asamblea, comenzaría el pleito de perros porque todos quieren ser presidentes o directivos. Como no hay cargos para todos, algunos de los que no alcanzan se cruzan de bando. Luego comienza el inmoral y tradicional mercado de diputados. El Black Friday parlamentario. Cañonazos van, cañonazos vienen, los hay en combos, en ofertas especiales y baratitos. ¿Posta, pellejo o filete? ¿Va a llevar marchante? La mayoría que consiguieron los venezolanos, los nicaragüenses la perderían en un dos por tres. Así ha sido hasta ahora y no hay nada que me indique que esto cambiaría en el futuro.
PIEDRA AL CUELLO
Está la lección para el Ejército y la Policía. El sentido de ser de estas instituciones es la lealtad a Nicaragua, a la Patria, a las leyes, y nunca, nunca, a una persona o un partido político. El general Julio César Avilés y la comisionada Aminta Granera deberían entender que ponerse la camiseta de un partido o una familia es colgarle una piedra al cuello al cuerpo que por razón histórica les tocó dirigir. Y sabidos ya que no hay regímenes de mil años, difícilmente pasa alguno de 15, ¿qué harán cuando toque el cambio? ¿Irse con el hombre o partido al que demostraron lealtad en desmedro del bien supremo de la Nación, o se quedarán a reconstruir otra vez lo que ellos mismos destruyeron? Hombre, es un poco de sentido común y responsabilidad lo que se les pide.
ALTERNABILIDAD
Y finalmente a los ciudadanos. El secreto es la alternabilidad. No dejar que alguien se haga gato bravo con el gobierno por muy bonito que nos la pinte. Que eso de que “el pueblo tiene derecho a reelegir”, que “cinco años son muy pocos para un gobierno” o que “para gobernar hay que hacerlo con mano dura” son puros trucos para quitarnos el derecho a castigar o premiar con el voto, a conocer los chanchullos, a elegir. El secreto es ser libre de elegir a quien queramos, incluyendo la posibilidad de equivocarnos en ello. Así como nadie nos puede decir que tenemos que consumir sola azúcar negra porque la blanca es mala, nadie nos puede decir que porque alguna vez nos equivocamos con un Arnoldo Alemán tenemos que resignarnos a un Daniel Ortega o cualquier otro caudillo.