ISLA DE PASCUA, UN MISTERIO LATENTE
Es uno de los lugares más remotos del mundo. 3,700 kilómetros lo separan del país al que pertenece, Chile; tiene una superficie de poco más de 160 kilómetros cuadrados y su población, concentrada casi toda en el poblado único de Hanga Roa, apenas supera los cinco mil habitantes. A vista de gaviota, la Isla de Pascua es una rara mota de tierra en mitad de la inmensa nada azul. Para ojos más atentos es el hogar de volcanes, de la civilización polinesia más aislada del mundo y de 887 estatuas gigantes de piedra, construidas y movilizadas entre 1100 y 1680, nadie sabe cómo.
Fue en 1722 cuando un buque europeo hizo contacto con la isla por primera vez. Y como fue en abril, los marineros holandeses la bautizaron “Isla de Pascua”. Su población autóctona, sin embargo, la llama “Rapa Nui”, como a sí mismos.
Según cronistas de la época, cuando los exploradores arribaron, en el lugar existía una civilización de dos o tres mil personas, pero de acuerdo con científicos la isla tuvo un período sin pobladores, que se habrían extinto debido a enfrentamientos entre clanes, enfermedades, condiciones climáticas extremas, escasez de alimentos y hasta canibalismo. Hoy, de los cinco mil habitantes de la isla, aproximadamente dos mil dicen ser descendientes de los primeros pobladores, de origen polinesio y cuyo arribo a tan remoto sitio jamás ha sido explicado.
Eso sí, lo más impresionante de la isla son las casi novecientas estatuas “moái”. Se trata de enormes bloques de piedra (toba volcánica) convertidos en bustos o figuras humanoides con cabeza y torso completo. Miden de 1 a 10 metros de alto y pesan entre 10 y 82 toneladas. Están desplegadas por toda la isla, lo que la convierte en un gigantesco museo al aire libre y hasta la fecha continúa siendo un enigma cómo las primeras civilizaciones esculpieron estos colosos en las laderas del volcán Rano Raraku y los repartieron por todas partes entre los años 1100 y 1680.
LA EXHUBERANCIA DE LAS GALÁPAGOS
Si la Isla de Pascua es un museo-isla, las 19 porciones de tierra que conforman al archipiélago volcánico de Galápagos son un laboratorio vivo en el Pacífico. Su condición de ecosistema natural prístino inspiró en 1835 a Charles Darwin, mientras navegaba por el mundo a bordo del HMS Beagle y sus conclusiones derivaron en la consolidación de la célebre Teoría de la Evolución de las Especies.
Aparte del detalle científico, este grupo de islas ecuatorianas maravilla a los visitantes por la falta de miedo y la curiosidad de los animales salvajes hacia los humanos. Los encuentros cercanos con la fauna están a la orden del día y, según National Geographic, el 95 por ciento de la biodiversidad prehumana de la isla no ha sido alterado.
Entre la diversidad de animales a conocer destacan tortugas marinas, iguanas marinas y de tierra, lagartos de la lava, cormoranes, focas con pelaje, piqueros, halcones, albatroces de las Galápagos, fragatas, pinzones ¡y hasta pingüinos!
CÓMO VISITAR ESTOS PARAÍSOS
Visitar estos paraísos considerados Patrimonios de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco, por sus siglas en inglés), puede resultar cómo y sencillo. Tanto a la isla de Pascua como al Archipiélago de Galápagos se puede llegar en avión desde las capitales de sus países: Santiago de Chile y Quito de Ecuador, y hay distintas ofertas de hoteles y estadías en cada lugar para todos los gustos y posibilidades.
Desde Managua, el viaje de ida y regreso a la capital de Chile está entre 1,400 y 1,600 dólares, mientras que ir y volver de Managua a la capital ecuatoriana cuesta entre 1,000 y 1,200 dólares.


