Daniel Ortega atacó con virulencia al secretario general de la OEA, Luis Almagro, porque este ha criticado la represión contra la oposición de Venezuela y demandado al presidente Nicolás Maduro, que las elecciones parlamentarias del próximo domingo 6 de diciembre sean libres y transparentes. Ortega suda la fiebre del gobernante venezolano, no solo por afinidad ideológica y política sino también —y sobre todo— por la cuantiosa ayuda petrolera que ha hecho millonaria a la familia gobernante de Nicaragua.
Al hablar el martes de esta semana en la graduación de 61 cadetes del Ejército, Ortega calificó a Almagro como un “sirviente de los yanquis” que se cree “un emperador” y “presidente de América Latina”. Al dictador de Nicaragua le molestó que el secretario general de la OEA condenara el asesinato de un dirigente de la oposición venezolana durante un acto de campaña electoral, y que pidiera al presidente Nicolás Maduro no hacer de las elecciones “un ejercicio de fuerza, violencia y miedo”, sino una fiesta de transparencia democrática.
Al parecer con la pretensión de contraponer a la OEA con el gobierno de EE. UU., Daniel Ortega dijo que “los yanquis son más cuidadosos” que Almagro, o sea que no critican a la dictadura chavista de Maduro con la misma claridad y entereza con que lo ha hecho el secretario general del organismo hemisférico. Sin embargo, Ortega repitió a continuación —con su acostumbrada incoherencia verbal— que Almagro es un “sirviente de los yanquis” a quien “lo mandan a hablar de una forma donde se olvida que él es un empleado de la OEA”.
Pero la furia de Daniel Ortega contra el secretario general de la OEA no debe ser solo por solidaridad con el gobernante venezolano y su régimen socialista fracasado. Es que igual que en Venezuela en Nicaragua tampoco hay justicia y transparencia electoral. Y seguramente Ortega teme que después de las elecciones parlamentarias de Venezuela del 6 de diciembre, el secretario general de la OEA podría pedir también que las elecciones del próximo año en Nicaragua sean libres y limpias.
En cualquier caso esto es lo que debería hacer Almagro. La OEA tiene obligación jurídica, política y moral de demandar que las elecciones del próximo año en Nicaragua se hagan con las debidas garantías democráticas, que se invite a una observación electoral internacional independiente y creíble y que se permita también la observación electoral nacional igualmente confiable.
La OEA tiene que pronunciarse en ese sentido, primero porque las elecciones justas y limpias son un requisito de ineludible cumplimiento establecido en la Carta Democrática Interamericana; y segundo porque la OEA es garante de los Acuerdos de Esquipulas II, de 1987, según los cuales en Nicaragua y los demás países centroamericanos se deben realizar elecciones competitivas y limpias para garantizar la reconciliación nacional, la democracia y la paz duradera en la región.
Los acuerdos de Esquipulas II siguen teniendo vigencia y Daniel Ortega debe ser obligado a respetarlos.
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