Si hay algo por lo que el asesor económico del Gobierno y el Cosep sacaban pecho, como decimos los nicaragüenses, esto era por las cifras brindadas por el presidente del Banco Central. Pero resulta que se ha descubierto que esa cascada de cifras estaba más maquillada que el payaso Pipo antes de una función.
Que don Bayardo Arce se deshaga en elogios por los logros económicos de su Gobierno lo entiendo, para eso le pagan, pero que el presidente del Cosep lo aplauda pretendiendo ignorar las reiteradas advertencias de que algo andaba mal en el disco duro del presidente del Banco Central es algo que debe llamarnos la atención, porque solo puede significar que el excesivo maridaje del presidente de ese organismo empresarial le ha comenzado a nublar la vista; o lo que es peor, que los intereses de un reducido sector de empresarios hayan migrado de lo económico a lo político, que a decir verdad, es un cambio que produce más y mejores dividendos sin mayores riesgos, con el único costo para estos que el de avalar y aplaudir cualquier falacia del Gobierno.
Por ello, para muchos tiene sentido el apoyo incondicional del presidente del Cosep a las acciones del ejecutivo ante la reciente crisis de Mina El Limón o los comentarios vertidos alrededor de la confiscación de alimentos que iba destinada a los damnificados por la sequía. Estas y otras posiciones progobierno que en muchas ocasiones van más allá de los intereses propios del gremio, son las que han generado las críticas que al presidente del Cosep tanto le molestan.
En cuanto a don Bayardo Arce, hay que recordar que este señor no solo es un empleado del Ejecutivo, sino que también se considera parte de la revolución que lo generó, por ello es comprensible que pretenda ignorar hoy que el Gobierno que ayudó a derrocar, tenía en ese momento las mejores notas económicas de nuestra historia.
Pero volviendo al título de este artículo, el Banco Mundial en su ranking Doing bussines que mide la facilidad para hacer negocios en cada país, bajó a Nicaragua dos puestos con relación al año anterior, principalmente por la falta de institucionalidad y procedimientos judiciales apropiados. Casi al mismo tiempo el Foro Económico Mundial, en su informe de competitividad global rebajó al país hasta el puesto 125, acusando una fuerte caída desde el año dos mil trece en que alcanzamos el puesto 96. El deterioro en ambos índices evidencia que a pesar de los ingentes esfuerzos que se atribuye el presidente del Cosep el clima de negocios y las facilidades para la inversión se vienen deteriorando, por lo que don Bayardo, su Gobierno y don José Adán se han visto reprobados por estas dos prestigiosas instituciones internacionales.
Estos números, hacen incomprensible la actuación de la cúpula del Cosep tratando de encubrir las falacias del Gobierno. Al menos que aceptemos como cierta la fractura del sector privado, el que se encuentra dividido entre un pequeño grupo comprometido y una inmensa mayoría que son víctimas de una burocracia asfixiante y corrupta, que dificulta e incluso impide el desarrollo de los negocios en Nicaragua.
Esto me recuerda la frase de un pensador latinoamericano que dijo: a los presidentes y los pañales hay que cambiarlos periódicamente, ambos por las mismas razones. El autor es analista político
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