Antes que Daniel Murphy usara su bate como catapulta para alcanzar la exposición mediática que experimenta ahora, era más conocido como hombre de familia y posiciones cristianas firmes, que como estrella de beisbol.
No obstante, después de una tórrida postemporada en la que ha bateado al estilo de Babe Ruth o Barry Bonds, se ha vuelto el motor de estos sorprendentes Mets, que aspiran a su primer título de Serie Mundial, tras 29 años.
Murphy acumuló promedio de .333 ante el picheo de los Dodgers, tres jonrones y cinco remolques. Luego enfureció con .529, cuatro jonrones y seis remolques ante los Cachorros, sepultados a través de una barrida, que no entró en cálculos de nadie.
Hablamos entonces de un tipo que resume .421 en los playoffs, con siete cuadrangulares, 11 anotadas y 11 empujadas. Contra Chicago dio jonrón en cada partido y dejó atrás el récord de seis bambinazos de Carlos Beltrán, sumando las series.
Eso es enorme, si se toma en consideración que Daniel disparó 14 jonrones en toda la campaña regular del 2015. Y que en su carrera de cinco temporadas y 3,619 turnos, solo ha coleccionado 62 palos a las tribunas, a un promedio de 11 tablazos por año.
Murphy solo una vez ha bateado .300 (.320 en 2011) pero no tiene campañas de 20 jonrones, 80 remolques o 190 hits. Ha sido un jugador cumplidor, pero no estrella. Se dio a conocer cuando dijo que estaba en contra del estilo de vida de los gais.
A raíz de eso, le llovió duro en la prensa. Y lo atacaron al perder dos juegos en la campaña por ir a acompañar a su esposa en el nacimiento de su hijo. Ahora está en el hit parade porque se ha vuelto el bateador más caliente del juego y cuando más importa.
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