Todo estaba preparado para el glorioso día del tricampeón. Doña Lilliam Luna, la mamá del Román «Chocolatito» González, desde el viernes colocó chimbombas y adornos en la sala e interior de su casa en el barrio La Esperanza. Desde las 7:00 p.m., los familiares y amigos llegaron a la casa y a las 8:25 p.m., con la primera puesta en cámara de
Román, los vecinos aparecieron por los costados cerrando la calle de lado a lado.Mientras Román subía a la tarima con su religiosa canción de Danny Berrios, en el Barrio La Esperanza estalló la primera descarga de las 47 que compraron para este día. La explosión del paquete llamado de C12, un explosivo que contenía 30 tubos, aturdieron a los más de 200 personas que se acercaron a la casa de los González, mientras unos niños coreaban «Chocolate, Chocolate, Chocolate».
Doña Lilliam sentada en una silla plástica en la gotera de la casa, no miró fijamente la pelea. Un primo de Román tuvo que tomarle la cabeza dos veces para mirara la pelea de su hijo, pero se percató que su mente estaba en otro lado. “Estaba un poco nerviosa porque se le estaba poniendo dura”, dijo al finalizar el combate.
La mamá de Román atendió la pantalla de unos cuatro metros colocada en la pared de la casa vecina, sólo cuando el público se encendió con las combinaciones de sus hijo. “Dale Román, dale Román, dale Román” se le escuchó decir repetidamente cuando el tricampeón mundial golpeó en repetidas ocasiones a Brian Viloria tirándolo a la lona en el tercer asalto.
La caída del estadounidense fue acompañada por otra descarga de explosivos que aumentaron la adrenalina de los presentes, más ruidosa en los momentos de buen golpeo del “Chocolatito” en el quinto, sexto y parte del octavo asalto, en el preámbulo de su décimo nocaut consecutivo en las 44 victorias de su gloriosa carrera aún con gran porvenir.
El grupo de 40 niños sentados en la calle que coreaban «Chocolate», celebró con júbilo cuando el juez decretó el nocaut, mientras en ese instante doña Lilliam con una leve sonrisa, sin tanta efusividad, aplaudió la victoria de Román y después repartió la comida que religiosamente preparó para celebrar otra gran victoria de su hijo.