Las elecciones representan el acto más importante de la vida democrática. Pero no cualesquiera elecciones sino aquellas que son libres y transparentes.
En Nicaragua, el principal objetivo de la oposición democrática, actualmente, es lograr que las elecciones sean transparentes. Aunque son pocas las personas que tienen el coraje de luchar por ese objetivo en la calle, se trata de una aspiración latente en amplios sectores de la sociedad.
Cuando se habla de transparencia electoral, se piensa por lo general en que los magistrados del Consejo Supremo Electoral (CSE) tienen que ser personas honestas y competentes, que los votos sean contados correctamente y que haya una observación electoral nacional e internacional independiente y confiable. Y es correcto pensar así. Todo eso es indispensable para que haya transparencia electoral. Sin embargo esta no se limita al ámbito institucional del Estado y en particular la actuación del organismo electoral estatal. Los partidos políticos, las alianzas y las personas que aspiran a obtener los cargos públicos en las elecciones, también deben ser transparentes.
Los partidos políticos opositores tienen derecho y obligación de exigir transparencia en el funcionamiento del Estado y el Gobierno. Pero deben predicar con el ejemplo y ser abiertos y transparentes ellos mismos, tanto en la vida interna partidaria como en la nominación de sus candidatos para las elecciones de los cargos públicos.
El fin de semana recién pasado, el diario LA PRENSA informó que la alianza electoral liderada por el Partido Liberal Constitucionalista (PLC), escogió a sus candidatos a presidente y vicepresidente de Nicaragua en una reunión de quince personas a puerta cerrada, en una encerrona en la cual no se permitió la presencia y observación de los medios de comunicación independientes.
La selección y nominación de los candidatos de los partidos y alianzas que aspiran a ocupar los cargos de mayor responsabilidad en el poder del Estado, es una parte sustantiva de todo el proceso electoral, no es un hecho aislado ni un asunto de interés particular de los partidos políticos. Es un acto que se debe realizar también con la máxima transparencia, igual que la organización de las votaciones o el mismo conteo de los votos.
Es cierto que los partidos políticos tienen sus reglas estatutarias, dictadas por ellos mismos, a fin de regular la toma de decisiones que les competen incluyendo la de escoger sus candidatos. De manera que esto lo pueden hacer mediante el dedazo del caudillo o en encerronas de sus dirigentes, pero una decisión tomada de esa manera no es transparente, carece de la autenticidad democrática y la legitimidad política que con toda razón y derecho se le exige al partido que está en el poder.
Las otras alianzas o partidos que tienen el propósito de participar en las elecciones del próximo año, escogerán sus respectivos candidatos en el momento que ellos mimos lo decidan. Esperamos que no lo hagan también en encerronas políticas y mediante dedazos, como actúa el partido de Gobierno, sino abiertamente, observados por la ciudadanía a la que pretenden gobernar.