Los españoles celebran hoy el Día de la Fiesta Nacional de España en circunstancias sumamente complejas. De hecho están en una encrucijada.
Esta celebración es una señal de identidad nacional para los españoles, en recuerdo y reconocimiento de que el 12 de octubre de 1492 Cristóbal Colón llegó con sus naves y sus marineros a las tierras insulares de América y tomó posesión de ellas en nombre de España. Este acontecimiento histórico ha sido celebrado por los españoles con distintos nombres: Día de la Raza, Día de la Hispanidad y, desde 1987, Día de la Fiesta Nacional de España. Sin embargo su significación ha sido siempre la misma: la americanización de España y la españolización de América, la identificación cultural de las naciones americanas con la española y el establecimiento de un indisoluble vínculo histórico entre ellas.
En los últimos tiempos ha habido en la América hispánica un renacimiento de la identidad indígena, con los resentimientos históricos que inevitablemente produce el recuerdo de la brutalidad que caracterizó la conquista española. Sin embargo, la historia no se puede cambiar y en términos generales hay un reconocimiento de que, a la larga, fueron más importantes los aportes que los daños causados por la conquista y colonia española.
Mucho ha cambiado desde que las naciones americanas se independizaron de España, a principios del siglo 19. Las relaciones de la antigua potencia colonial con los pueblos hispanoamericanas son ahora de sólida amistad y creciente cooperación. De allí que se deba lamentar que España celebre hoy su Fiesta Nacional enfrentando una situación interna sumamente compleja y riesgosa.
Hay que reconocer que gracias a las políticas económicas del actual Gobierno, duras pero indispensables, España está saliendo de la crisis económica que estalló en 2008 y, a estas alturas, según el FMI es el país de mayor crecimiento en Europa. España también logró superar la crisis de la monarquía española, después que el ahora rey emérito Juan Carlos abdicó en favor de su hijo Felipe, y este, por su coraje y talento político ha podido recuperar la confianza de los españoles en el sistema monárquico democrático, o al menos evitar su hundimiento.
Sin embargo, la corrupción ha motivado en los españoles un creciente rechazo al sistema político y hay una gran incertidumbre en lo que pueda resultar de las elecciones parlamentarias del próximo mes de diciembre. Y sobre todo, España está enfrentando el reto de un agresivo separatismo catalán que influye negativamente en otras comunidades autónomas.
Desde el advenimiento de la democracia en España, a mediados de los años setenta del siglo pasado, los españoles han demostrado inteligencia y capacidad para resolver sus problemas más complicados. Y nuestro mejor deseo en ocasión de la festividad nacional española del 12 de octubre —que siempre ha sido también una fiesta de Nicaragua—, es que España pueda resolver de la misma manera sus delicados retos actuales, para su propio bien y el de la América india, mestiza y española.