Todos los Premios Nobel son importantes y prestigiosos, pero los más significativos son los de carácter humanista: de Literatura y de la Paz. Estos son los que provocan la mayor expectativa mundial y su asignación siempre es controversial, por los valores que representan y las causas que defienden los galardonados.
Este año, la selección de los Premios Nobel de Literatura y de la Paz no ha sido la excepción. El Nobel de Literatura le ha sido otorgado a la periodista de Bielorrusia y exhabitante de la desaparecida Unión Soviética, Svetlana Alexiévich. Es la primera vez que este premio se le concede a una persona que se desempeña profesionalmente como periodista. En el pasado el premio les fue asignado a intelectuales que ejercieron o ejercen de alguna manera el periodismo, como el colombiano Gabriel García Márquez y el peruano Mario Vargas Llosa. Pero ellos fueron premiados por los méritos indiscutibles de su escritura de ficción, no por su trabajo periodístico, sin perjuicio de que en general el buen periodismo es considerado como un género literario.
Además, no es por cualquier clase de periodismo que la bielorrusa Alexiévich ha sido galardonada con el Nobel de Literatura. Es por su periodismo valiente, de denuncia de la injusticia y de la opresión, calificado por la Academia Sueca como “un monumento al sufrimiento y al coraje en nuestro tiempo”. De manera que este premio es una inspiración para los periodistas y toda la gente que lucha contra regímenes autoritarios, como el de Putin en Rusia, de Lucashenko en Bielorrusia y de Ortega en Nicaragua.
Por otra parte, la asignación del Premio Nobel de la Paz de este año es también un reconocimiento a la lucha por la libertad y la democracia, en particular la que nace y se impulsa desde la sociedad civil, sin ambición de poder político para nadie en particular. Eso es lo que se puede entender de que el Nobel de la Paz le fuera concedido de manera conjunta al movimiento sindical, la organización empresarial, los defensores de derechos humanos y los juristas y jueces de Túnez, integrantes del llamado “Cuarteto Tunecino” que trabaja y lucha por la creación en ese país árabe de una cultura de tolerancia política y una institucionalidad auténticamente democrática.
De todos los países donde ocurrió la Primavera Árabe que barrió a las dictaduras tradicionales, solo en Túnez triunfaron la libertad y la democracia. Esto es un mérito sobre todo de la sociedad civil tunecina, por lo cual se ha hecho acreedora al Premio Nobel de la Paz del 2015
Había una gran expectativa mediática de que el Nobel de la Paz le fuese otorgado al papa Francisco, por su mediación para el entendimiento de Estados Unidos con Cuba. Pero a pesar de que la normalización de las relaciones entre estos antiguos enemigos que aparentemente eran irreconciliables, ha relajado el clima político hemisférico y creado un magnífico ambiente de negocios en Cuba, no ha sido un logro completo porque le ha faltado el ingrediente esencial de un compromiso del régimen comunista cubano, de respetar los derechos humanos y abrir un proceso de transición democrática, con libertad de prensa, libre organización política y elecciones libres y competitivas.