Al ver en retrospectiva su vida la actriz, maestra y dramaturga, Zaida Urbina Silva se remonta a sus siete años de edad, que ve como su inicio en el teatro.
Fueron dos años los que vivió en la casa de sus tías Elba María Silva y Letty María Silva, situada en la Quinta Avenida, sureste de Santo Domingo, frente al edificio Jarquín Bonilla, en la vieja Managua.
“En uno de los cuartos de esta vivienda un cofre antiguo”, dice al destapar sus recuerdos. Pertenecía a sus abuelos y bisabuelos. Dentro habían un casco zafari, sables antiguos, trajes almidonados, pañuelos, fustanes, y otros trajes.
Indumentaria y objetos que sacaban a escondidas de sus tías. Se vestían y salían a las calles con el disfraz de reyes, príncipes, hadas, novias, y hasta de mascotas.
EL PRIMER ESCENARIO
“Estas calles fueron nuestro primer escenario improvisado, donde hasta los gatos salían casados y bautizados”, dice Urbina Silva, mientras sonríe y revela que en las actuaciones también incluían títeres. El único interés era divertirse y sacar a sus “diablillos y diablillas artistas”.
El “elenco” lo formaban su hermano Edgar Urbina Silva, los hermanos Verónica, Francisco y Cairo de Franco; y Yara la “coqueta”, refiere.
Lo que nunca se imaginó décadas después, Urbina Silva, es que estos juegos espontáneos iban a marcar su carrera de actriz y escritora de teatro infantil.
Por eso sostiene que el artista solo necesita “un alma en las puertas de su vida”; en su caso encontró a su maestra Socorro Bonilla Castellón, ella le dio las primeras clases de expresión oral en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, Unan Managua.
En 1975, Bonilla Castellón la invitó a ver la obra La asamblea de las mujeres, de Aristófanes. “Esta fue la primera obra que miré en un Teatro Nacional Rubén Darío”, revela.
Al poco tiempo conoció al joven actor Aníbal Almanza, y se casó con él. Esto la hizo meterse de lleno al teatro, primero como asistente y luego como actriz.
Seis años después hace su debut con su personaje Armanda, en Las mujeres sabias (1981); tiempo después como Beralda, en El enfermo imaginario; y en años recientes como Andrea en El médico a palos. Todos libretos del dramaturgo y humorista Moliere (Jean-Baptiste Poquelin).
EL TROMPO BAILARÍN
La maestra Socorro Bonilla descubre su talento, gracia y sensibilidad por el teatro infantil. Y le da su primer personaje, un tigre, en los relatos del Tío coyote y Tío conejo (1987), libreto del poeta Octavio Robleto.
Luego es una abuelita, en el Pelusín frutero. Hermanastra, en La Cenicienta. Hada mala, en La bella durmiente. Una niña, en el Retablo navideño. Y un trompo bailarín, en la Fiesta de juguetes.
“Te imaginas mis escenitas del trompo bailarín; y que canta: va, balín, balón, balún soy el trompo bailarín que baila en un solo pie y no usa calcetín. Recuerdo los niños felices en el piso del lobby del Teatro Nacional Rubén Darío. En ese entonces Aníbal era el pirata que estaba dentro de un cofre”, rememora este momento feliz, la actriz.
JUANITO Y LA LUNA
A la par de la actuación ha ido la escritura, afirma Silva Urbina. Escribe el libreto Juanito y la luna (2009), historia de un niño que sueña con cambiar las cosas. En la obra se rescatan juegos y cuentos tradicionales. Este texto fue incluido en la Antología nuevos dramaturgos.
El grupo DramAzul de la Universidad Católica la llevó a escena recientemente a la Sala Experimental Pilar Aguirre. La primera vez fue en 2011, en el primer aniversario de muerte de Socorro Bonilla.
Urbina Silva también tuvo su participación en la comedia La zapatera prodigiosa, de Federico García Lorca, dirigida por Xiomara Centeno. Esta fue una producción magistral de la Compañía Profesional de Teatro del Teatro Nacional Rubén Darío coordinada por Salvador Espinoza.
Luego comenta, que tanto Zoa Meza como ella, se han dedicado a escribir algunos libretos y ponerlos a escena.
FIFÍ, LLEVADA A ESCENA MÁS DE DOSCIENTAS VECES
Como actriz de la Comedia Nacional de Nicaragua, ha personificado a Fifí más de doscientas veces en la poética dramatizada la Chinfonía burguesa, afirma Zaida Silva Urbina.
La otra obra que le sigue, en puestas en escena, es El día que me quieras, del dramaturgo venezolano José Ignacio Cabrujas. Realiza el personaje de Matilde Ancizar, una mujer pragmática alegre ,y fanática del cantante de tango Carlos Gardel.
“Esta es una obra que me hace siempre suspirar, y me da mucha tristeza por las escenas que vivimos.
Cuando hice la primera vez a Matilde, tenía 28 ahora tengo 60, por eso digo: la escena nos ha visto crecer”.
Otra obra que le impactó emocionalmente fue El marinero, de Fernando Pessoa, dirigida por Bolívar González.
Este es un drama estático donde actúan tres mujeres que sufren ante la ilusión del amor y la realidad de la muerte. Urbina Silva es la tercera hermana doliente. “Lloré en los ensayos y hasta en la escena”, exterioriza el impacto emocional que vivió.
Colón Cristóbal, el genovés alucinado, de José Ignacio Cabrujas, se presenta próximo miércoles 14 de octubre, 7:00 p.m., Sala Experimental Pilar Aguirre.