Fernando Bárcenas

Cambio político no es igual a elecciones libres

En LA PRENSA del 22 de septiembre, Eduardo Montealegre, presidente del PLI, escribió un artículo que tituló ¿Y para yo qué?, tan confuso y falto de sentido político como el propio título que escogió para dicho artículo.

Ya Montealegre había puesto en evidencia una escasa formación política y había improvisado un discurso intelectualmente equívoco, sin pensamiento táctico. El problema es que ha tomado la bandera electoral, por aspiración personal, y sin ideas sociales se ha marginado de las masas que viven su propia problemática social; hasta quedarse solo como un pez sobre la arena.

Parte del avance en la conciencia de las masas se consigue cuando estas superan toda ilusión y credibilidad en políticos electoreros, incapaces de promover una táctica combativa fuera de las urnas, para llevar a cabo transformaciones de carácter social, a partir de avances significativos en la correlación de fuerzas.

Montealegre, en el título y en el cuerpo de su escrito se burla del habla campesina. Juan Rulfo, maestro de la novela mexicana, logra el milagro de narrar con el lenguaje campesino de la desesperanza, la derrota de la rebelión rural en México. Lo mejor de la literatura universal, de los últimos doscientos años, explora el alma campesina en todas las latitudes, como si en esa multitud de cuentos fuese Dante quien rindiese un informe de los jirones del infierno.

Todo el artículo de Montealegre pasa por alto las preocupaciones obvias del trabajador rural. Considera una torpeza que un campesino interrumpa con fastidio el discurso político sobre las elecciones, y que pregunte al orador: ¿y sobre mis condiciones de vida y de trabajo qué tiene que decir? Escribe Montealegre:

Para ese campesino colombiano no era evidente la relación entre la democracia y la solución a sus problemas cotidianos.

Y esa relación no es evidente para nadie, porque es falsa. En realidad, ni la economía presenta una fase expansiva constante en virtud de la democracia, ni la democracia implica una mejor distribución de la riqueza.

Debería preocuparnos, como al campesino, la producción y la distribución de la riqueza. En los últimos veinte años, los ingresos familiares del 7 por ciento más rico de la sociedad norteamericana, aumentaron 28 por ciento. Mientras, para el 93 por ciento de la población, disminuyeron 4 por ciento. Pero, Montealegre insiste en las elecciones:

Poder decidir quién y cómo se administra esta gran empresa que se llama Nicaragua.

Si Nicaragua fuese una gran empresa, como sugiere Montealegre, habría que reflexionar que un buen administrador no es electo democráticamente. Ninguna gran empresa es democrática. En el fondo, Montealegre —como el Cosep— ve Nicaragua como un negocio privado. E insiste en idealizar las elecciones:

A todos debe importarnos quién nos gobierna, cómo nos gobierna

Todos deberíamos ser gobernados por las leyes, no por alguien, libre de improvisar cómo nos gobierna.

Cuando no funcionan las elecciones libres, no hay manera de deshacernos de los malos gobernantes.

Sí hay manera. Montealegre es un agorero fatal de la derrota. El cuarenta por ciento independiente, huye de su lado.

El curso de nuestras vidas depende de las acciones de quienes gobiernan

Con esas ideas mesiánicas sobre el rol del gobernante electo, Montealegre anida en su pecho un pequeño Ortega. El curso de nuestras vidas depende, más bien, de las condiciones de vida y de trabajo (por las cuales pregunta, precisamente, el campesino).

Si bien las elecciones libres no son la solución mágica a todos sus problemas, son parte necesaria de la solución.

No necesariamente. Las elecciones libres generalmente ocurren entre partidos políticos financiados interesadamente por el poder económico hegemónico.

Montealegre, en su escrito a favor de las elecciones, no ha encontrado una sola razón para unir esta consigna a la movilización masiva contra los desmanes concretos de Ortega y de sus aliados empresariales.

Para resolver problemas de acceso a la tierra, de financiamiento para el mediano y pequeño campesino, de asistencia técnica para incrementar la productividad de las parcelas agrarias, para proyectos de irrigación cooperativa, para facilitar la comercialización directa, sin intermediarios, se requiere acabar con el régimen orteguista y con las trabas oligárquicas.

Las elecciones libres podrían coadyuvar a este propósito, pero no son un fin en sí mismas, como argumenta Montealegre.

El autor es ingeniero eléctrico.

COMENTARIOS

  1. rey luis
    Hace 11 años

    Yo tambien lei el articulo de montealegre donde el resalta la importancia de elecciones «libres» al cuidadano comun. no percibi ninguna burla , ni creo que este hombre sea dictador jamas a gobernado , tampoco va promover «tacticas combativas» fuera de las urnas porque no es y no ha sido un guerrillero . Al contrario hay que darle ese credito que es un hombre que deside luchar por elecciones libres para que hayga paz y democracia en este pais .

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