Marvin Saballos Ramírez

Abrazar a nuestros viejos y viejas

Un abrazo no cuesta nada, y sí ¡vale mucho!

Con ese lema debemos de celebrar nuestro día, me decía enfáticamente Eneyda, octogenaria y emprendedora amiga, luchadora por ya varias décadas por educar y promover en nuestro país una vejez digna, productiva y saludable.

Y en una dimensión socioafectiva tiene toda la razón, un abrazo franco y sincero, expresa cariño, solidaridad y apoyo. El afecto que todos los seres humanos requerimos, especialmente en las etapas tempranas y avanzadas de nuestras vidas, es decir en nuestra infancia y en nuestra vejez.

Bien es verdad que requerimos de recursos materiales para la satisfacción de las necesidades básicas de alimentación, salud y vivienda, pero también lo es que los “frijolitos servidos con cariño” son lo más sabroso y reconfortante, como también que un banquete en soledad puede ser de lo más amargo.

Por ello, al celebrarse este primero de octubre el Día Internacional de las Personas de Edad, establecido por las Naciones Unidas en 1990, o sea hace 25 años, quiero invitarlo a dar un fuerte abrazo, a honrar a las viejas y a los viejos. Y este reconocimiento a los mayores es parte de la sabiduría tradicional de la humanidad. “Honra a tu padre y a tu madre, para que se prolonguen tus días sobre la tierra que el Señor, tu Dios, te va a dar”. Es en la tradición cristiana un mandamiento de solidaridad intergeneracional que lleva implícita la verdad sociocultural de que el tratamiento que cada generación dé a sus antecesores será el que recibirá de sus descendientes.

Por ello es importante recordar en este día la necesidad de fortalecer la cultura y el marco nacional e internacional vigente en materia de protección y “derechos humanos de las personas de edad y de determinar sus posibles deficiencias y la mejor forma de corregirlas, incluso mediante el estudio, cuando corresponda, de la viabilidad de nuevos instrumentos y medidas”, tal como señala el Grupo de Trabajo sobre el envejecimiento establecido por las Naciones Unidas.

El actual sistema internacional de derechos humanos no protege a las personas mayores tal como lo hace con otros grupos vulnerables, la discriminación hacia la edad y la vejez existe y es un tema que debe ser abordado urgentemente a nivel mundial y nacional.

Por ejemplo, existen convenciones específicas para mujeres, niños y para personas con discapacidad, creemos que una convención para las personas mayores se hace cada día más necesaria.

La vulnerabilidad y discriminación por edad es un problema muy serio que afecta a las personas mayores. Esta situación que puede empeorar porque las personas viven cada vez más tiempo y paulatinamente aumenta la población de adultos mayores a nivel mundial y nacional.

Desde hace ya varias décadas se viene planteando la necesidad de una Convención Internacional de los Derechos del Adulto Mayor. Bien es verdad que en el actual marco internacional de Derechos Humanos se establecen derechos y mecanismos aplicables a la población envejecida, pero también es cierto que el aumento sostenido de su peso porcentual en la pirámide de población hace necesario destacar sus necesidades y posibilidades específicas.

Una Convención es un pacto internacional legal y vinculante, cuando un país se adhiere a la Convención, asume la obligación de acatar lo establecido en la misma e informar a la ONU sobre los avances que se implementan en beneficio de la población vulnerable, en este caso la población adulta mayor. Una convención no resuelve por sí misma los problemas, pero marca pautas a seguir, y por ello se hace socialmente necesaria.

Entre tanto, ¡dele un fuerte y cariñoso abrazo a los viejos y viejas que tenga más cercanos!

El autor es Miembro de la Fundación Nicaragüense de la Tercera Edad (FUNITE)

COMENTARIOS

  1. Jerry
    Hace 11 años

    Exelente don Marvin, siempre es un placer leer sus articulos.

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