Gioconda Belli

El optimismo como evasión

En estos días releí Cándido, la sátira de Voltaire sobre el optimismo. En ella, su ingenuo personaje trata de encontrar la razón del optimismo desmedido de Pangloss, su preceptor, quien a pesar de incontables infortunios siempre sostiene que cuanto les sucede “es lo mejor que puede ser” y que viven “en el mejor de los mundos posibles”.

Leer esto me hizo pensar en cuán común se ha vuelto este razonamiento en Nicaragua. De allí que me pregunte si estamos padeciendo de una epidemia de idiotez nacional o si ya llegamos al fondo del barril de la desesperanza, o si es que nos hemos convertido en un país de cínicos.

Ciertamente que las guerras nos dejaron cansados, derrotados en muchos sentidos y que nadie quiere repetir esas épocas dolorosas, pero por otro lado, parece que la idiosincrasia nicaragüense no puede pensar más que en ese tipo de soluciones. O sea, hasta que llegamos a un punto de desesperación donde se empiezan a organizar guerras o se recurre a la violencia, no nos movemos, ni le vemos salida al asunto de nuestros problemas nacionales. Ergo, como en Cándido, nos convencemos, a pesar de las evidencias, de que vivimos en “el mejor de los mundos posibles”.

Y la verdad es que no. La verdad es que cada día suceden en este país hechos preocupantes y que auguran un futuro chato y pobre y de una casi total impotencia ciudadana. “Crecen los muros de su cárcel como en un sueño atroz”, decía Jorge Luis Borges del amor. Como pueblo parece que los muros de otro tipo de Amor nos están encerrando en la realidad de un sueño atroz que quiere hacernos creer la Panglosiana noción de que el poder absoluto que se ha instalado, es el poder benévolo y amoroso de una pareja preocupada por nuestra felicidad, que nos rodea de colores alegres, árboles iluminados y parques y que a mediodía nos dice que “todo está lo mejor que puede estar” en la voz modulada con altos contenidos de sirope de la “madre” de la Patria.

Mientras tanto, el desarrollo de los acontecimientos en distintos aspectos de la vida nacional, revela que Nicaragua sigue siendo el país más pobre de la región, que centenares emigran por falta de empleo, que nuestro sistema educativo está pobre y obsoleto. Si todo esto no es nuevo, sumémosle ahora que se acabó en Nicaragua la justicia imparcial, las elecciones imparciales, el Ejército imparcial, la Policía imparcial; que ya no hay espacio para el disenso ni siquiera dentro del propio Frente Sandinista, que dentro del Gobierno, ya no hay diversidad de opiniones, ni ministros que nos informen de cómo se deciden los programas que nos afectan, que se acabaron las estadísticas imparciales y confiables, que las noticias y la información son controladas en un 95 por ciento, que se cedió nuestro territorio y nuestro lago para un Canal que nadie nos consultó, que en la Asamblea, la mayoría aplasta los derechos de las minorías y hasta de sus propios miembros cuando no se pliegan a las órdenes superiores. Ni sigo con la lista, pero es larga. Lo que es peor: la mayoría estamos conscientes de lo que está sucediendo, pero la mayoría aún opta por regar su jardín y seguir pensando que mientras la superficie de sus vidas no se altere “todo es lo mejor que puede ser en este mejor de los mundos posibles”.

Esta docilidad, esta pereza colectiva, este adormecimiento que padecemos nos está cobrando un precio que va más allá de la legalidad y el respeto a nuestros derechos. Leía hoy en el diario que han caído nuestras exportaciones de artesanías y que Nicaragua está ahora a solo once puestos de ser la última en el índice de innovación a nivel mundial. Son síntomas pequeños quizás pero significativos de que nuestro espíritu, la creatividad y brío que ha sido característica de nuestra identidad nicaragüense está padeciendo, se está apagando. Cuando una sola autoridad decreta lo que está bien o está mal, cuando se vive, como estamos viviendo, una realidad disociada donde se gastan millones en la escenografía de la felicidad pero se proscribe pensar en otra felicidad que no sea la oficial, lo que estamos perdiendo es más sutil y profundo.

A pesar de toda la parafernalia que quiere demostrar lo contrario, esta manera de gobernar, este autoritarismo rosado, la trivialización de la idea de ciudadanía, la frivolidad de parque de Disney en que nos están obligando a vivir, la obsesión por vendernos esta Panglosiana ficción del mejor de los mundos posibles, tiene el efecto de una enfermedad nociva que empobrece la conciencia de los gobernados, los entristece, los inmoviliza. Se acaba el pueblo presidente y llega el pueblo obediente, un pueblo desganado, apulismado, miedoso, trivial, individualista, consumista, incapaz de grandeza.

En el mejor de los mundos posibles, también es mucho lo que pierden quienes así deciden gobernar.

La autora es escritora.

COMENTARIOS

  1. Hace 11 años

    la única razón por la cual los nicaragüenses tenemos los gobernantes que tenemos es por la frivolidad y el desinterés que poseemos, las personas por las ciencias como la política y la economía esenciales para el desarrollo del libre pensamiento critico, el problema de Nicaragua es que la población es fácilmente manipulable y el populista se aprovecha de las situaciones vulnerables de esta, levantando pasiones y engañando con unos cuantos parques y carreteras. nicaragua merece mucho mas que eso.

  2. Hace 11 años

    Giconda no tiene ni la minima moral de hablar de esa manera, ella junto con Ramirez, Serrano, y compañia es responsable de lo que hoy es Ortega, es bonito hablar asi desde hollywood con el resultado de la rapiña. Pobre La Prensa que no tiene quien le escriba.

    1. Pueblo
      Hace 11 años

      Ya quisiera tener el cerebro de esta valiente y digna mujer, tu cobardia de ser un hombre es lo que permite que te expreses de esa manera

  3. Oscar
    Hace 11 años

    Excelente Gio! Esa idiosincracia nica tan metiche en nuestro quehacer racional, verdad? Nos aciega y nos carcome hacia la ubicacion del comodismo y fanatismo individual,y que por tal conducta tiende a colectivizarse sectorialmente, que hace a immovilizarnos a descodificar razonablemente.

  4. Ramona
    Hace 11 años

    Bien dicho, a veces me pregunto porqué solo ciertas personas, teniendo la razón ven venir el debacle, la dictadura?? y el resto no, ellos sólo quieren el pan y circo que la pareja absurda presidencial e hijos ofrecen, sin pensar que en el futuro no habrá trabajo, educación ni libertades de ninguna especie, que la Chamu costará bajarla, él no, ya está retirado, sólo lee discursos hechos por la señora.

  5. Marcos Jiron
    Hace 11 años

    Que pesimista la siento a la poetisa,aunque su prosa es muy bonita,permitame disentir de su artículo,acaso se le puede exigir más a este pueblo valiente y heroico?,en los últimos 36 años de nuestra historia,es el pueblo el que a derrotado tiranías que parecían invencibles,poniendo los muertos,poniendo el sufrimiento, o en su momento votando cuando se le permitió, en contra de los farsantes y estafadores de la esperanza,es al pueblo al que han engañado vilmente. Este pueblo es noble y sabio.

  6. J. Eduardo Estrada U
    Hace 11 años

    Bravo!!!! Excelente articulo y lo mejor de todo es que es muy cierto y nos aplica a todos. «NICARAGUA ESTA EN UN LETARGO TOTAL» y no hacemos nada. Estamos muertos en vida.

  7. El Beatle
    Hace 11 años

    Me sumo al Beatle. Por otro lado, las cosas ya se han aclarado; quizás se tardó un poco, pero «la gente» ya no cree en quienes nos estafaron ideológica, política y moralmente. Las máscaras han caído y ahora ya sabemos que tendremos que sacudirnos de tanta alma loca, triste y empedernida. Aunque nos empeñemos en «ver hacia otro lado» sabemos que tendremos que enfrentar cara a cara al mal, al atraso y la miseria, y que a cualquier costo tendrán que irse a la letrina del infierno.

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