Desde los 19 años Octavio Enríquez incursionó en el periodismo. Ha trabajado en todos los medios impresos del país y actualmente es periodista del diario LA PRENSA. Está casado desde hace ocho años y tiene dos hijos: Sofía y Matías Enríquez.
¿Qué color sería?
Soy café (ríe), soy color cacao.
¿Cuál es su primer recuerdo?
Cuando mi papá me pagaba veinte pesos para que no hablara mientras veíamos películas, pero siempre hablaba un minuto antes de que terminara y perdía el dinero.
¿Se identifica con alguna caricatura?
Mi hija dice que me parezco a Homero Simpson (ríe).
¿Algún talento oculto?
Escribir poesía. De chiquito me encajaba en el techo de mi casa a escribir, comiendo los mimbros de mi vecina.
¿Qué quería ser de pequeño?
Todo menos bombero, siempre le tenía miedo al fuego.
¿Un apodo?
Me decían “Gemelo”, porque soy gemelo.
¿Su primera decepción amorosa?
Cuando estaba en tercer grado y vi bailar a mi profesora Lilian con el profesor Diego. Lloré. Estaba enamorado.
¿Practica algún deporte?
¡No! (ríe) Se nota.
¿Qué película lo hace llorar?
Yo lloro con casi todas las películas, pero… Forrest Gump.
¿A qué lugar del mundo le gustaría ir?
Me pican los pies por ir a las pirámides de Egipto.
¿Qué es lo más loco que ha hecho?
Que con mis 220 libras subí una montaña y tuve que bajar en un caballo que me alquilaron.
¿Fobias?
Le tengo miedo a las serpientes. Me quedo paralizado.
¿Cuál es el objeto más extraño que tiene?
Un billete de un dólar que me firmó Rubén Blades en Panamá.
¿Baila?
Si es reguetón o reggae, sí.
Si supiera que va a morir mañana ¿qué haría hoy?
Escribirle una carta de amor a mis hijos.
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