Hace algún tiempo, un amigo me contaba que el asesinado candidato presidencial colombiano Luis Carlos Galán estaba en un mitin de campaña dando un discurso sobre la importancia de la democracia y el Estado de Derecho para avanzar en la lucha contra el narcotráfico en su país, cuando un campesino lo interrumpió y le preguntó con expresión de curiosidad: “¿y para yo qué?”
Era claro que para ese campesino colombiano, igual que para muchos ciudadanos, no era evidente la relación entre la democracia y la solución a sus problemas cotidianos.
En Nicaragua, también encontramos muchos ciudadanos que, cuando les hablamos de democracia, de institucionalidad y elecciones libres, de diversas maneras nos hacen la misma pregunta “¿y para yo qué?” Y lo más grave es que quienes estamos convencidos de los beneficios de vivir en democracia no dedicamos suficiente tiempo y esfuerzo a explicarlo y, si lo hacemos, no nos aseguramos de haberlos persuadido con nuestros argumentos.
Desde la llegada al poder de Daniel Ortega, y especialmente durante la actual campaña para exigir que se nos devuelva el derecho a votar y a elegir con nuestro voto, hemos encontrado muchos ciudadanos que ven esta causa con simpatía, que nos expresan su solidaridad y nos instan a seguir adelante, pero al mismo tiempo nos dicen: “Ustedes que están en política deben luchar por eso, porque el resto de la gente estamos tratando de resolver nuestros problemas diarios y no tenemos tiempo”.
Y la verdad es que la mayoría de los nicaragüenses están preocupados porque les cuesta encontrar un trabajo estable, con salarios adecuados, con el sustento diario de sus familia, porque algunos de sus familiares han tenido que emigrar para trabajar, por la inseguridad en los barrios, porque no pueden trabajar en su profesión por no tener “conectes”, porque no atienden a sus hijos en los centros de salud porque no poseen avales partidarios, porque sus hijos no están aprendiendo lo necesario en la escuela, porque no pueden acceder a créditos para emprender un negocio o construir su vivienda, porque si tienen un litigio y acuden al sistema de justicia se enfrentan con la corrupción y el tráfico de influencias.
Sin embargo, cuando decimos que el camino para la solución de esos problemas pasa por la realización de elecciones libres, muchos nos dicen que no. Porque con cualquier gobierno las cosas van a seguir igual y que mejor se dedican a la lucha individual por el día a día. Es en esos ciudadanos en quienes debemos enfocar nuestros esfuerzos, para explicarles que, si bien las elecciones libres no son la solución mágica a todos sus problemas, son parte necesaria de la solución, y que los pueblos que lo han entendido así, disfrutan hoy de altos niveles de prosperidad y la calidad de vida de todos ha mejorado sustancialmente.
Para empezar, debemos tener presente que muchas de las decisiones que determinan el curso de nuestras vidas dependen de las acciones de quienes gobiernan. Esas acciones del gobierno que inciden en nuestra vidas son las políticas públicas y de ellas dependen asuntos tan importantes como la calidad de la atención prenatal y neonatal, la ubicación de las escuelas y los contenidos que se enseñarán en ellas, la ubicación de las nuevas carreteras, los requisitos y costos para acceder a créditos para iniciar un negocio o comprar una vivienda.
En fin, aunque es cierto que “ningún gobierno nos da de comer y si no trabajamos no comemos”, es también muy cierto que de las políticas que ejecute el gobierno dependerá si cada ciudadano encontrará o no trabajo, cuánto ganará, dónde vivirá, qué comerá y cuánto pagará por lo que come. Siendo así, a todos debe importarnos quien nos gobierna, cómo nos gobierna, cómo podemos incidir en las decisiones del gobernante y qué podemos hacer para reclamarle y hasta sustituirlo cuando sus acciones no nos ayudan a progresar.
En una democracia los gobernantes llegan al poder y lo dejan pacíficamente como resultado de una elección, mientras gobiernan también están sujetos a las leyes y existen mecanismos para que los ciudadanos puedan participar y exigir políticas públicas que ayuden a crear oportunidades para todos. Cuando no funciona la democracia, cuyo primer elemento son las elecciones libres y periódicas, no hay manera de deshacernos de los malos gobernantes, ni de controlar sus actuaciones y los ciudadanos nos convertimos en rehenes de quienes nos gobiernan.
Así que cuando hablemos de elecciones libres y nos pregunten “¿y para yo qué?” debemos explicarles que el primer beneficio, aunque no el único, es poder decidir quién y cómo se administrará esta gran empresa que se llama Nicaragua y que nos pertenece a todos.
No obstante lo anterior, debemos reorientar nuestro enfoque y ocuparnos más por el “¿y para yo qué?” de cada ciudadano nicaragüense y menos por la política en general y la política partidaria en particular. Debe ser nuestra principal responsabilidad, en especial como opositores responsables, ocuparnos por proponer políticas públicas que ayuden a resolver el “día de día” de todos y cada uno de los nicaragüenses ¡Ese será nuestro compromiso, porque todos somos Azul y Blanco!
El autor es presidente del partido liberal independiente,
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