Hola oscuridad mi vieja amiga como decía Paul Simon en su canción Los Sonidos del Silencio , vengo a discutir de nuevo contigo.
Tras la insólita condena de Leopoldo López en Caracas por razones políticas, el silencio de varios presidentes latinoamericanos me ha apabullado.
No escucho la voz de Michelle Bachelet que me dijo en Bogotá, en el salón de espera de mandatarios durante la segunda inauguración del presidente Uribe, que las detenciones arbitrarias de los gobiernos militares como los de Chile y Argentina en el pasado, no deberían repetirse jamás.
Escucho, estupefacto, la voz de un Lula da Silva que no reconozco, que no tiene nada que ver con el sobrio y elocuente presidente que vi hacer callar a Chávez durante la reunión del Grupo de Río, en Río, diciéndole que no era necesaria una respuesta colectiva a la Secretario de Estado de Estados Unidos con un irónico: “¿Para qué traducir los insultos que no entiendo?”
No escucho la voz de Juan Manuel Santos, que en Caracas en 1994 como negociador de Colombia con Venezuela y Sieca nos explicó sobre la crueldad de los secuestros políticos en Colombia. No hablaré de los mandatarios que no conozco, ni de algunos que sí conozco, uno en particular desde la escuela primaria, porque no espero nada de ellos.
Pero sí es decepcionante el silencio de Tabaré Vásquez y Pepe Mujica, ejemplos ambos de practicar lo que predican. No escucho a mi amigo Mel Zelaya quejarse de las detenciones políticas, ni a los doble O, (Oscar y Obama) flamantes premios Nobel de la Paz, abogar por la justicia de los perseguidos y hacer algo para ganarse por fin, el premio que les dieron por adelantado y que no habrán justificado mientras Nicaragua no vuelva a ser república para el uno o haya paz en Medio Oriente, para el otro.
A Pinochet se le atribuye un sardónico comentario que decía que en Chile, los derechos humanos andaban bien, “son los izquierdos humanos los que se tienen que cuidar”. Parece que hoy en día la tortilla se volteó. Los izquierdos humanos están de fiesta con la reconciliación con Cuba, con los Albanegocios y sus inversiones “privadas”. Son los derechos humanos los que están en peligro ante las dictaduras del Siglo XXI como las cuarenta Damas de Blanco presas en Cuba en homenaje al viaje del Papa.
Ni siquiera Francisco se ha pronunciado contra la persecución de cristianos en estos lares. O es menos cristiano el perseguido porque denuncia las dictaduras laicistas que el que sufre bajo la ISIS?
¿Es que tenemos que esperar hasta que las filas de refugiados lleguen a cruzar el Rubicón para que despierte Europa de su silencio cómplice cuando se violan los derechos de las minorías y se oprime a las oposiciones? Los ríos de refugiados comienzan con una gota de injusticia que derrama un vaso de dictadura.
Los ríos de refugiados se previenen años antes, y no siendo convidados de piedra en las Fiestas del Chivo o en las tragicomedias de las tiranías, sino señalando las injusticias y evitando las tragedias antes que empiecen, antes que la construcción del muro de Trump sea “para que no entren”, en sustitución del muro que antes existía, “para que no salieran”.
Por eso hay que agradecer a nuestro vecino del Sur, don Luis Guillermo Solís, el presidente de Costa Rica, que ha sido la voz que clama en el desierto condenando la barbarie de la politización de la justicia o la judicialización de la política. Gracias don Luis Guillermo por haber dado ejemplo de democracia y solidaridad cristiana diciendo que: “Me parece que es muy mala idea utilizar los tribunales de justicia para castigar ciudadanos por sus opiniones políticas. Lo fue en Sudáfrica con Mandela, en Uruguay con Pepe Mujica y lo es en la Venezuela de hoy”.
El autor fue Canciller de la República.